Respondo a Pepe, a María, a Luis, a Juan, a Agustín, a Luisa y a todos los amigos que, tras tener noticias del fallecimiento de Julio Anguita, me piden unas palabras. Supongo que tendrán suficiente con este escueto telegrama: Acaba de desaparecer físicamente un hombre serio, responsable y claro. Tuvo la sabiduría de trascender las siglas de los partidos, explicar los principios en los que creía y mirar de cara a la realidad en la que vivía. Hizo una opción clara por los marginados y, como él decía, por los que sufrían la “desdicha de una vida inhumana”. Defendió con valentía, con cabeza y con corazón, la justicia, la verdad y la belleza. Sostuvo con lucidez la necesidad y la obligación de apoyar la política en los cimientos de la ética. Peleó con constancia contra todas las guerras, y cultivó con pasión las palabras. Su legado es una obligación para los hombres y mujeres de buena voluntad. Que descanse en paz.
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