Evacuado de urgencia el jueves por la tarde, no pudo sobrevivir a un fatal infarto. Nacido en el Líbano y tras medio siglo en Ceuta, era el segundo abogado más antiguo. El ámbito judicial de la Ciudad, consternado por la noticia, le recuerda con cariño
De mirada tierna y cara bondadosa, Emilio Jalil–Abumalham, profesor y abogado, natural del Líbano y residente en Ceuta desde hace medio siglo, abrigaba dentro de su menudo cuerpo un corazón de tan grandes dimensiones como para desconsolar a cientos de caballas con la noticia de su fallecimiento, acaecido el jueves, ya en la noche, en el Hospital Universitario Puerta del Mar de Cádiz, adonde fue evacuado de urgencia aquejado de un fuerte dolor en el pecho, un fatal infarto que se lo llevó el 14 de febrero (San Valentín, Día de los Enamorados: hermosa coincidencia) " junto a Esperanza, su mujer, a quien tanto quiso" .
El entrecomillado cubre las palabras del presidente de la Sección Sexta de la Audiencia Provincial de Cádiz en Ceuta, Fernando Tesón, quien indicó ayer para 'El Faro', pocos minutos después de enterarse de la muerte de Jalil, que "era una persona muy especial, entrañable, cristiano muy creyente, con gran humanidad y con una trayectoria meritoria en la abogacía y en la enseñanza pues estuvo de profesor de francés muchos años".
Las palabras de Tesón retumban en las paredes del Ceuta Center, por entre esos pasillos que tantas veces se vio caminar a ese hombre ataviado normalmente con chaquetas azules, o verdes, u ocres, habitualmente rayadas y siempre con su maletín de cuero cogido de la mano, rozando ya el suelo.
La última vez que lo hizo fue el pasado lunes, 11 de febrero, cuando el letrado Emilio Jalil accedió a las 11:15 horas en la sala del Penal número Uno en representación de K.E.M., acusado de incurrir en un delito contra la salud pública y, toda vez que ejerció su defensa, salió pero antes de marcharse "nos dejó unos caramelos en la mesa", explica un agente de la Benemérita.
Profesionalidad, conocimientos y alegría, rasgos característicos que marcaban la figura de Jalil y que eran conocidos a la perfección por la actual vicepresidenta primera de la Asamblea, Adela Nieto, antaño compañera suya de despacho: "Fue un maestro para mí", reconocía ayer Nieto, con la voz quebrada de emoción, "una persona dedicada a su profesión y a su familia al cien por cien, un hombre con un corazón enorme y cuya pérdida deja un dolor irreparable para muchísimos ceutíes".
En este sentido, Nieto, quien indica que "le recordaré siempre" destaca de Jalil que "era libanés pero también era ceutí, un caballa abanderado de Ceuta y un hombre de los que le dan talla y categoría a una ciudad".
También lo conocía, lo trataba, lo quería, desde hace muchos años, la decana del Colegio de Abogados de Ceuta, Isabel Valriberas, quien señala que "era una figura muy entrañable y recuerdo que siempre decía que era como mi hermano porque mi padre, que también fue abogado, había sido como un maestro para él, de modo que lo apreciaba y lo quería muchísimo". Como compañero, Valriberas señala que "era entrañable, una persona que siempre le gustaba hacer bromas, muy afectuoso y cariñoso. Ha sido una pérdida dolorosa".
¿Qué número de colegiado tenía Jalil? "Fíjate que yo lo conocía desde que era pequeña y ya entonces él era un veterano del Colegio", señala Valriberas, antes de informar que el letrado era el número 34, siendo el segundo más antiguo vivo antes de fallecer, sólo superado por Francisco Olivencia, que guarda el número 25.
"Un profesional del derecho en toda regla, con muchísimos años en su trayectoria", se suma a su recuerdo el juez decano de Ceuta, Juan Domínguez–Berrueta, "que conocía muy bien a Ceuta desde el punto de vista de la Administración de la Justicia, una persona peculiar, original, vehemente, muy trabajador, así que es una pena que haya fallecido pues no era de esperar ya que pese a que era mayor tenía aún agilidad", agilidad y un corazón tan grande como el hueco que deja.
"Era el mejor padre que se puede tener. Dio todo a todos y nunca pidió nada a nadie"
La voz varonil que suena al otro lado del teléfono se escucha triste pero firme y pausada: "La conciencia está tranquila", dice Daher, hijo de Emilio Jalil-Abumalham, "porque sabemos que nuestro padre ha ido al Paraíso, al lugar donde van los elegidos, las personas con un corazón muy grande".
Está en Cádiz, velando por su padre, esperando la llegada de Sofía, su hermana, quien se desplaza desde Beirut, donde vive, la tierra natal del letrado. "Hemos sido educados bajo los valores de la bondad con el prójimo y el espíritu de sacrificio, máximas que nuestro padre cumplía a rajatabla y que nos inculcó siempre por nuestro bien", explica Daher.
"Era el mejor padre que se puede tener", prosigue la voz, "un hombre que constituía un extraordinario ejemplo, y más aún en estos tiempos, pues él dio todo para todos y nunca pidió nada a nadie".
Poco tiempo después de la deferencia tenida con 'El Faro', Daher se encontraría con Sofía para a las 19:15 horas decir un responsorio por el alma de 'don Emilio'; luego, ya metidos en la noche gaditana, a la vera de esa orilla que acaso sus colores, olores y belleza se asemejan al puerto marítimo de Beirut, incinerarían su cuerpo, quedando para la próxima semana la celebración de una misa en Ceuta, un acto que, a la espera de confirmación, tendrá continuidad con la despedida que prepara el Colegio de Abogados y la propia Ciudad Autónoma.
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