Los universitarios de Ceuta y Melilla necesitan mejorar, aplicando la calificación tradicional del alumnado de más corta edad, en lo que a su alimentación se refiere si la dieta mediterránea se considera el referente a seguir. Siete de cada diez alumnos de la institución nazarí presentan una “elevada adherencia” pero “se aprecian diferencias estadísticamente significativas” en función de la ciudad y el Campus en el que residen: una cuarta parte de los de Ceuta y Melilla “deben mejorar su dieta”, porcentaje que desciende al 10% para el alumnado de la península. Finalmente, se revela que los estudiantes norteafricanos tienen “mayor probabilidad de sufrir una peor adherencia a la dieta mediterránea”.
Esas son las conclusiones del trabajo publicado por la Revista Española de Nutrición Humana y Dietética, cuyo objetivo era “describir el grado de adherencia a la dieta mediterránea y su relación con patrones sociales y académicos en una muestra de jóvenes universitarios españoles” y “evaluar la relación de la adherencia según el sexo, lugar de residencia, área de conocimiento y tendencia religiosa”.
En total participaron un total de 597 universitarios (73,9% mujeres) con entre 17 y 20 años de las ciudades de Granada, Ceuta y Melilla.
Los resultados mostraron que un 70% de los sujetos presentaban una “elevada adherencia” a la dieta mediterránea y el 63,8% vivía en el domicilio familiar.
Se observó que los estudiantes de las “ciudades transfronterizas” poseían “tres veces más de riesgo de tener una peor adherencia a la dieta mediterránea” que los de la península pero “no se encontraron diferencias en el patrón dietético según el sexo, ámbito de conocimiento, domicilio o tendencia religiosa”.
Este modelo dietético se considera una de los más saludables y equilibrado y se articula sobre “consumo frecuente de aceite de oliva, frutos secos y alimentos de origen vegetal, así como de pescado, aves y lácteos, y un consumo reducido de carnes rojas y alimentos refinados”.
Los autores del trabajo, de las Facultades de Educación y Ciencias de la Salud de la UGR en Granada, destacan en su estudio que “está demostrado que una dieta equilibrada es un factor de protección y prevención de enfermedades cardiovasculares, una de las causas más importantes de fallecimiento o disminución de la calidad de vida en la actualidad”.
En el caso de los universitarios, la “nueva situación de independencia” y “los cambios que conlleva” pueden “influir en los hábitos alimentarios que podrían verse alterados debido a diversos factores y multitud de circunstancias implicadas que afectan en el desarrollo de la verdadera autonomía personal”. En este sentido, “los hábitos inestables propios del universitario emancipado” que manifiestan algunos autores “tales como el consumo de alimentos precocinados o hipercalóricos” vienen a “corroborar la necesidad de mejorar la dieta de nuestros jóvenes”, por lo que se propone “llevar a cabo programas de intervención y promoción de la salud que favorezcan la calidad de vida con la finalidad de instaurar y mantener comportamientos adecuados en el período adulto”.
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