Hocune Hadri –izquierda– atendió a Faro TV a las puertas del centro del Jaral con la traducción de otro residente, Mounir Benjeddou.
La huelga de hambre, aseguró, le ha hecho perder hasta el momento 10 kilos y esa abstinencia empieza a hacer mella en su salud. El argelino Hocune Hadri ha adoptado esta forma de protesta pacífica después de ocho meses “bloqueado” en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes en Ceuta (CETI).
Él es el único de un grupo residente en el centro del Jaral que, afirmó Hadri, continúa sin ingerir alimento desde el pasado 26 de diciembre. Solo se mantiene con agua y azúcar. “He empezado la huelga de hambre porque no encuentro ninguna solución para salir de aquí y que me trasladen a la Península. Mi edad no me permite quedarme aquí más años”, explicó este argelino gracias a la traducción de un compañero marroquí.
Hadri, de 45 años, se siente débil pero está convencido de que llegará “hasta el final” en su reivindicación. Pese a la “falta de respuesta” de la Administración, tiene esperanzas en que el Gobierno reconozca sus “derechos”. “Siento que mi salud está empeorando ahora, pero nadie me hace caso desde que empecé. Espero que los responsables puedan darme una solución porque ya he pasado mucho tiempo en huelga”, señaló. Su demanda a las autoridades cumplió ayer 14 días. “Estoy dispuesto a seguir hasta que haya una solución. No voy a parar, la verdad”, sentencia el extranjero.
“Solicitante de asilo”, este residente en el CETI salió de su ciudad natal, Mascara, cerca de Orán, ante la falta de perspectivas. Allí solo tiene a su madre y hermanos, confiesa que nunca formó su propio hogar por la ausencia de recursos. “Emigré porque en Argelia he pasado 45 años, sin ningún futuro; por eso quiero ir a Europa, para labrarme mi futuro y trabajar”, señaló. Hadri lamentó que no vivirá más tiempo del recorrido hasta ahora, por lo cual, solicita una oportunidad para que, en el tiempo que le queda por delante, éste sea más provechoso en el plano personal y profesional.
Pintor de profesión, su intención es encontrar un empleo en la Península, donde desea permanecer y poder retomar sus estudios. Al otro lado del Estrecho de Gibraltar, le esperan otros familiares que emprendieron el camino antes que él.
Sus compatriotas volverán a concentrarse el próximo lunes ante la Delegación del Gobierno, esta vez con autorización, por el presunto veto a su salida a la Península y su discriminación respecto a sus compañeros subsaharianos porque estos parten a los pocos meses de entrar en Ceuta mientras que algunos magrebíes calculan que su estancia en el CETI suma un año.
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