Categorías: Opinión

Escribir en caliente 8: “Tus rilas”

La dimisión del jefe de gabinete del delegado del gobierno en Ceuta va a ser otro momentazo de los muchos que nos quedan por vivir de este peliculón terrorífico que se inició con la masiva invasión de extranjeros -principalmente marroquís- a la frontera Sur de Europa; dicho sea para que vayan tomando nota los que piensen que esto es la toma de Ceuta… perdone Vd, la toma de Europa que aquí no quieren quedarse, con el consentimiento y desidia de nuestro don Julián contemporáneo.

No me cansaré de adjetivar, con el calificativo de “masiva” la acción directa sobre la integridad territorial de España, por lo que suponen de sustantivación términos como invasión, entrada, asalto, o violación; así como cuantos vayan apareciendo en contraposición a otros términos interesados de “crisis humanitaria” o “movimiento fruto de la vulnerabilidad social”.

Pasado el tsunami de tenebrosos recuerdos de los días 30 y 31 de julio, pareciera que algunos intentan colocarnos ahora que los efectos sufridos son los propios de una “acción migratoria no advertida en su magnitud”, de la que fue imposible calcular en su momento la trascendencia y cuyos efectos se están combatiendo con diligencia y numerosos efectivos en relación con la seguridad y la salud. A esta gran mentira se apuntan tanto los que no les duele el problema, como los que viven del comentario periodístico afín a la causa, los pesebreros acérrimos de partidos del facherío progresista (porque no hay mayor facha que un progresista irredento), o los que ofrecen discursos pseudopolíticos de tertuliano pedante; todos ellos –y más– intentarán construir un relato que se abrirá camino como verdad oficial a poco que los dejemos.

Como muestra, la sorprendente discrepancia entre el delegado y su asesor. Creo que es la primera vez, que yo recuerde, que un asesor dimite por disfunción comprensiva en el relato con su jefe. Está claro: uno de los dos miente o los dos pertenecen a ese grupo PISA que tiene problemas con la competencia lectora de los mensajes y el traslado de la información. A mi que me da que el señor delegado es el que tiene mayor dificultad, pues de sus palabras se deduce, ¡que yo no me invento na!, estar falto de capacidad de comprender e interesarse por la conversación y el texto escrito, sobre todo si no viene en sobre lacrado. O sea, que si fuera un jovenzuelo el señor delegado estaría en ese 98 % de los que desde la LOE (Zapatero) hasta la LOMLOE (Sánchez) vienen a engrosar las listas anuales de incapaces alumnos de leer y asimilar de manera correcta los textos que leen o las conversaciones que mantienen; PISA se refiere a textos extensos o complejos de más de 400 palabras y estos tienen en disputa lo que entra en un WhatsApp ¡Vaya tela!

Para mi, la clave está en el texto sintético del asesor: “sus rilas”. No pudo ser más expresivo el hombre. Lo digo por si le sirve a la jueza… yo por ayudar, porque estos acaban ante un Tribunal. Esa respuesta en el mensaje al contacto del CNI es acojonante y clarificador: es como un “sus muertos”, “no me jodas”, “la madre que me parió” … que en versión gráfica equivale a coger el aseo del fondo a mano izquierda del pasillo de la delegación, porque de repente le da el apretón en la parte política del esfínter.

Mucha experiencia en crisis no tengo y conocimiento de la delegación el justito, aunque la sensación que me da a mis más de setenta años y cuarenta de funcionario que ha conocido y tratado directa o indirectamente a los delegados de gobierno y la mayoría de sus asesores –excepto la última triada de inútiles nombramientos sólo para dictado del Sanchismo– me dice que un asesor no está once minutos de cháchara con el CNI local sin pasarle el teléfono a su jefe; más bien, pudiera ser que, después de rilarse, puso el teléfono en manos libres y estuvieron los tres cambiando impresiones. Ahí está la discrepancia ¿no? Ya tendremos ocasión de saberlo.

No conozco de nada al asesor del delegado, vaya por delante, pero como todos los anteriores habrá sido persona de máxima confianza, paño de lágrimas, consejero, quien se interpone para dar la cara en los asuntos en que el jefe no debe aparecer, quien transmite la orden incomoda y lo que el papel no puede soportar: «que me dice el delegado que…»; pero no es de ninguna de las maneras su responsabilidad la gestión inicial de la crisis.

La mala gestión de los primeros momentos de la invasión y sus consecuencias en los 26 días de vacío por vacaciones del presidente Sánchez son responsabilidad del gobierno de España y de su delegado en la ciudad, aunque el primero en enterarse en la delegación de lo que se venía por la playa fuera él asesor… y el primero por lo tanto en “rilarse”.

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