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Es necesario parar a Marruecos

Pero antes, un poco de historia

Ceuta fue, para los historiadores árabes medievales, una ciudad africana integrada plenamente en al-Andalus. No la describen como una posesión africana ajena, sino como parte del territorio hispano-visigodo que los musulmanes conquistaron al cruzar el Estrecho. Ibn Jaldún lo dice sin rodeos: «Yulyān, señor de Sabta, era de los godos de al-Andalus» (Kitāb al-ʿIbar). Si el gobernador de Ceuta era “de los godos de al-Andalus”, entonces Ceuta formaba parte de al-Andalus antes incluso de la conquista islámica. Al-Masʿūdī confirma la misma idea cuando describe Ceuta como

«ciudad de los rûm y después de los godos» (Murūj al-dhahab), es decir, integrada en la órbita política hispana. Ibn al-Qutiyya, descendiente de la nobleza visigoda, remata el cuadro: «El dominio de los godos llegaba hasta las ciudades del Estrecho» (Ta’rīkh iftitāḥ al-Andalus). Para estos autores, Ceuta no es una frontera africana: es la puerta africana de al-Andalus.

Y para estos mismos historiadores, al-Andalus no es un nombre geográfico, sino histórico: procede de al-Fandalus, la tierra de los vándalos, pueblo asentado en el sur de España en el siglo V. Ibn Jaldún lo afirma de forma explícita: «Al-Andalus deriva de al-Fandalus, nombre de los vándalos»

PARTE DOS.- El arma energética española frente a Marruecos

La vulnerabilidad energética de Marruecos frente a España es real, pero debe describirse con precisión. España no puede “apagar Marruecos” de forma inmediata: el gas natural representa alrededor del 11% de la generación eléctrica marroquí¹, mientras que el carbón mantiene un peso muy superior. El poder español reside en otro punto: controla la principal vía de infraestructura que permite actualmente a Marruecos acceder al mercado internacional del gas.

Desde 2022, el gasoducto Magreb–Europa transporta hacia Marruecos gas natural licuado comprado en los mercados internacionales y regasificado previamente en EspañaZ. En 2023 Rabat recibió 9.471 GWh; en 2024, 9.703 GWh; y en 2025, 10.375 GWh, más del 90% de la capacidad técnica anual del gasoducto, situada en torno a 11.500 GWh3. Sin esa vía, Marruecos pierde su acceso operativo al GNL mundial.

Ese gas alimenta las dos centrales de ciclo combinado realmente operativas del país:

  • Tahaddart, 30 km al sur de Tánger, que sostiene el norte industrial (Tánger, Tetuán, Alhucemas).
  • Aïn Béni Mathar, en la provincia de Jerada, que sostiene la región oriental (Oujda, Jerada, Berkane).

Ambas centrales quedaron fuera de servicio tras el corte del suministro argelino en 2021 y fueron reactivadas en 2022 gracias al nuevo esquema de suministro a través de España⁴. Son las plantas más flexibles del sistema marroquí y las que permiten absorber picos de demanda y estabilizar la red. Si España interrumpe el suministro, Tahaddart y Aïn Béni Mathar se apagarían de inmediato, dejando sin respaldo térmico a las dos regiones más sensibles del país.

La vulnerabilidad, por tanto, no consiste en que España pueda dejar sin electricidad a Marruecos de un día para otro. Consiste en que una interrupción prolongada del suministro reduciría el combustible disponible para su generación flexible, obligaría a Rabat a recurrir a combustibles más caros y menos eficientes, y aumentaría la presión sobre un sistema eléctrico que ya depende estructuralmente de las importaciones.

Ese efecto sería especialmente relevante porque Marruecos importa aproximadamente el 90% de toda su energía⁵. La pérdida de la vía española no eliminaría su capacidad de generar electricidad, pero sí encarecería el suministro, reduciría su margen operativo y afectaría directamente a sectores que dependen de energía estable: automoción, fosfatos, textil, manufactura, logística y transporte. La elasticidad energética en países con alta dependencia indica que un aumento del 20–40% en el coste energético puede reducir el PIB entre un 3% y un 7%⁶. En Marruecos, esa caída se amplificaría por la necesidad de recurrir a combustibles alternativos y por la presión sobre industrias clave.

Las consecuencias sectoriales serían inmediatas. Renault Tánger y Stellantis Kénitra sufrirían paralizaciones y pérdida de contratos. El grupo OCP vería afectada la producción de fosfatos. Miles de talleres textiles en Casablanca, Tánger y Mohammedia quedarían detenidos. Tánger Med operaría en modo degradado. Los trenes ONCF y la alta velocidad Al Boraq sufrirían interrupciones; los tranvías de Rabat y Casablanca se detendrían; los aeropuertos funcionarían con restricciones. Hospitales, plantas de agua y telecomunicaciones entrarían en tensión, con generadores diésel insuficientes para sostener operaciones prolongadas.

Las consecuencias sociales serían profundas. Los apagones parciales y la caída de voltaje afectarían a millones de hogares. El coste de vida aumentaría, especialmente en alimentos refrigerados, transporte y combustibles. Las regiones más sensibles —Rif, Jerada, Casablanca, Mohammedia, Kénitra— podrían experimentar protestas y tensiones sociales. Y la presión migratoria hacia España aumentaría de forma inmediata, porque Marruecos ha utilizado históricamente los flujos migratorios como herramienta de presión política⁷. Por ello, antes de cualquier medida energética, España debería reforzar sus fronteras y su capacidad de control migratorio para evitar que Rabat utilice esta vía como mecanismo de chantaje. La preparación previa es esencial para evitar un efecto desestabilizador en Ceuta, Melilla y el litoral andaluz.

Marruecos podría buscar alternativas —comprar GNL en otros mercados, aumentar temporalmente el uso de carbón o derivados del petróleo, acelerar nuevas infraestructuras— pero ninguna de ellas sustituye la vía española en el corto plazo. Requieren terminales propias, almacenamiento, redes de gasoductos y contratos internacionales que no pueden improvisarse en semanas⁸.

Por eso, el verdadero alcance del arma energética española no consiste en “apagar Marruecos”, sino en encarecer y complicar su acceso al gas, reducir su margen de seguridad, presionar su economía y obligarlo a reorganizar su sistema energético bajo estrés. La dependencia es cuantificable: 10.375 GWh enviados en 2025 frente a una capacidad técnica de 11.500 GWh, y un país que importa el 90% de su energía.

La verdadera arma no es el apagón. Es la capacidad de imponer un coste.

Notas

  1. Mix eléctrico marroquí 2025:
  2. España: seis plantas de regasificación operativas; Marruecos:
  3. Estadísticas energéticas españolas y Enagás (2023–2025).
  4. Reactivación de Tahaddart y Aïn Béni Mathar tras el cierre del GME argelino (ONEE, 2022).
  5. Departamento de Comercio de UU.: dependencia energética del 90%.
  6. Modelos de elasticidad energética del FMI y Banco
  7. Precedentes de presión migratoria: crisis de Ceuta
  8. Plazos de construcción de terminales de GNL: 3–5 años (IEA).

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