Se ha convertido en una auténtica epidemia en las cárceles de toda España. En la de Ceuta no existe un protocolo concreto de prevención para los funcionarios, tampoco se ha detectado ningún caso de consumo de fentanilo entre los internos -al menos que haya trascendido-, pero fuentes consultadas por El Faro confirman que sí: lleva años entrando sustancias tóxicas sintéticas en el interior de la prisión de Mendizábal.
Este mismo lunes, la Guardia Civil de Algeciras comunicaba la detención de una persona cuando había accedido a la prisión de Botafuegos con un trozo de hachís y 2 folios impregnados con algún tipo de sustancia tóxica.
La cárcel del sur peninsular, referencia en los traslados para muchos internos de Ceuta, arrastra una situación crítica no solo por el número de presos atendidos en enfermería por intoxicación grave debido al consumo de sustancias por esta vía, sino también por las muertes. Tres en 2025, una de ellas por consumo de fentanilo.
Esos casos de intoxicaciones fueron 60 en todo 2025. Este año, con los contados solo hasta Semana Santa, el número de internos atendidos por este consumo ya ha alcanzado esa cifra. En cuatro meses se ha dado lo de todo un año.
El panorama es desolador y así lo ha denunciado el sindicato Acaip-UGT en cuantiosos escritos publicados en los medios de comunicación. Los casos se repiten, “están cayendo como moscas”, expone un profesional de la prisión consultado por este medio.
Se trata de un problema gravísimo para los internos, pero también puede ser un problema de salud para el funcionario que tiene que manipular la correspondencia que llega.
En Ceuta no se ha detectado ningún caso de preso afectado por consumo de fentanilo u otras sustancias. Al menos que se haya hecho público, pero desde el año 2022 se sospecha de la entrada de este tipo de drogas concretas en prisión.
La Guardia Civil sí que logró atacar la introducción de hachís y teléfonos móviles usando drones.
En Mendizábal no hay un orden de dirección que alerte sobre estos casos y las cartas remitidas a los presos llegan con normalidad, sin que haya trascendido la aplicación de un protocolo distinto que obligue a los funcionarios, por ejemplo, a adoptar medidas de seguridad concretas como empleo de guantes para manipular las cartas.
José Luis Alcaraz, representante del sindicato Acaip en la prisión de Botafuegos, Algeciras, denuncia en declaraciones a este periódico que “una de las formas más comunes de perder la vida en una prisión es debido a la sobredosis”, por lo que “se requiere de una respuesta integral por parte de los organismos públicos responsables: secretaría general de instituciones penitenciarias, consejerías de salud de las comunidades autónomas y diputaciones provinciales”.
“Todos ellos deben aportar de forma mancomunada las medidas preventivas necesarias para evitar o paliar el consumo de tóxicos en el interior de las prisiones”, expone.
La mayoría de las urgencias atendidas en esta cárcel ha sido por consumo de papelillos impregnados con sustancias tóxicas y mezcladas con ingesta de medicación, a lo que hay que sumar los 3 presos fallecidos por sobredosis al consumirlos, uno por fentanilo.
“Antes de Semana Santa, los servicios sanitarios acudieron a la llamada de los funcionarios de comunicaciones de Botafuegos, en donde atendieron a un recluso al que se la incautaron 7 folios de papel impregnado en sustancias tóxicas”, explica.
Días más tarde, los funcionarios de vigilancia decretan 4 códigos 5, “es señal de que peligra la vida de un preso y deben acudir de inmediato los sanitarios de la prisión, logran estabilizar a todos; a lo largo del día, en la propia enfermería del centro, son atendidos 15 presos bajo los efectos de sustancias tóxicas, uno de ellos es aislado debido a la especial violencia que muestra, a otro se le incauta una bolsa llena de papelitos escondidas en sus partes íntimas, otro es trasladado al hospital”, añade.
El fentanilo entra en las cárceles en un papel tamaño folio, rociado por sustancias tóxicas sintéticas que van desde abrillantadores de llantas, anfetamina, ketamina, derivados del cannabis, “hasta llegar al más potente de todos: el fentanilo”, explica Acaip.
“El papel lo trocean, es mezclado con tabaco y se fuma, el efecto es impredecible porque los presos no saben ni la sustancia ni cantidad de tóxico que están consumiendo, a lo que hay que sumar que muchos internos toman metadona, consumen otras drogas y toman medicación a dosis elevadas, por ello va desde una intoxicación grave, desvanecimiento, insuficiencia respiratoria hasta incluso perder la vida”, añade.
Los propios presos refieren que los papelitos con sustancias sintéticas como el fentanilo han desplazado el consumo de hachís, cocaína, heroína, porque es más barato a pesar de que la tirilla de papel cuesta 8 euros.
“El papel impregnado es incoloro e inoloro, se introduce en la carta, se suele pintar, colorear, acompañar de fotos familiares, con el ánimo de no levantar sospechas al funcionario que hace la entrega y que no tiene medios para detectar el tóxico, no hay reactivos, las unidades caninas no detectan este tipo de sustancia y cuando se puede presuponer se investiga normalmente sin resultados porque el remite y dirección son falsos”, añade.
Acaip-UGT lleva años denunciando esta situación. Tal y como explica José Luis Alcaraz, han reclamado de forma urgente la adopción de medios para que no se tenga que depender únicamente de la suspicacia del propio funcionario, o de detalles como la rugosidad del papel.
No se disponen de tiras de reactivos para detectar las sustancias, de hecho, los internos no saben ni lo que se ha consumido. El fentanilo lo mezclan con tabaco para fumarlo.
Urgen desde el sindicato campañas de concienciación y actuar contra quienes se lucran de este fenómeno cada vez más en auge.
De hecho, en marzo de este año, en el marco de la Operación Poeta, se desarticuló una red que introducía sustancias estupefacientes en Botafuegos a través de correspondencia. Es la vía más fácil para colar esas sustancias sintéticas al no utilizar a persona física para el pase de drogas, pero sí hacerlo vía carta con remitente falso.
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