Con sorpresa y gran consternación tuve conocimiento hace unos días del fallecimiento de mi amigo Messod al cual estimaba desde que éramos adolescentes. Era una de esas personas a la cual es fácil llegar a apreciar por su forma de ser y su afabilidad.
Su falta ha traído a mi recuerdo y al de otros compañeros en el Arte de Talía de la época que formábamos parte del cuadro artístico que, magistralmente dirigido por Dña. Sara Pérez Naya, ponía en escena diversas obras de teatro y autos sacramentales. Estas tenían lugar en la Escuela Pericial de Comercio, en el antiguo Conservatorio de Música, en el teatro Cervantes y los autos sacramentales en la puerta de la Santa Iglesia Catedral. Creo recordar también que, aprovechando que habían instalado un escenario en el Patio del Colegio de San Agustín, repetimos allí una comedia que habíamos estrenado recientemente.
Pues bien, nuestro amigo Messod intervenía en casi todas las comedias que se estrenaban ya que su carácter y su forma de expresión eran idóneos para representar los papeles de actor cómico. En este sentido era el preferido de doña Sara y en ello estábamos todos los compañeros de acuerdo (Manola Blasco, Anamary Sevillano, Josefina Viader, Doro y Francisco Guillén, Ricardo Muñoz, África Gran, Idelfonso Álvarez Felip, Carlos Kaiser, Salvador Benzo, Pedro Serran, Juan Furrasola y algunos otros que, después de tantos años, lamento no poder acordarme.
Con independencia de lo bien que lo pasábamos en los ensayos y la incertidumbre de cuándo íbamos a llevar a cabo el estreno de la obra nos hacía permanecer unidos fortaleciendo con ello nuestra amistad.
Recuerdo una obra en la que yo hacía de Señor de la casa y Messod era mi mayordomo pero, según el libreto, era tan grande el número de deudas que me asediaban que me vi obligado a intercambiar los papeles (nunca mejor dicho) quedando Messod como señor de la casa y yo convertido en su mayordomo para poder pagarle con mi trabajo los sueldos que le debía.
Finalmente he de decir que aquello fue una época de nuestra generación que jamás podremos olvidar a pesar de los años transcurridos. Siempre que surge la oportunidad sacamos a colación aquel tiempo maravilloso lleno de juventud y fantasía. No hace mucho y gracias a su hijo Bernardo que me facilitó el teléfono tuve la oportunidad de poder hablar con Dña. Sara quien reside en Barcelona y que, pese a su avanzada edad, me manifestó que nos recordaba a casi todos con afecto. El saber nuevamente de ella hizo que me sintiera bien.
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