Mi nombre es Francisco Igea. Fui miembro del primer consejo de dirección nacional de UPyD, que abandoné a petición propia debido a problemas familiares.
Desde entonces figuré en las innumerables listas falsas de represaliados de UPYD que han pululado por la red. En aquel consejo ya se debatió sobre la conveniencia o no de pactar con Albert Rivera. Si la memoria no me falla, fui el único que abogó por un pacto con él. Mi postura entonces y ahora se fundamentaba en que la ciudadanía no entendería cómo dos formaciones aparentemente similares (sólo aparentemente) eran incapaces de ponerse de acuerdo. Propugné un intento público de acercamiento que desenmascarara, si ese era el caso, la postura de quienes sólo buscaban colocarse sin importar qué era lo que realmente proponíamos a la sociedad. Nadie más alzó la voz a favor del pacto en aquel consejo, nadie. No se puede por tanto atribuir aquella decisión a la voluntad personal de Rosa.
Rosa argumentó que no podíamos repetir el modelo fracasado del PSC-PSOE ni el multipartidario de la UCD. Argumentó que nosotros teníamos un programa y un relato ideológico y que nuestras listas de afiliación estaban abiertas a cualquiera que coincidiese con él. El tiempo nos ha dado la razón a los dos. Nuestro partido creció con esfuerzo e ilusión y no se limitó a intervenciones brillantes en los medios, sino que presentó iniciativas parlamentarias, acciones judiciales, propuestas concretas (desaforamiento, negativa a elegir el poder judicial, negativa a plantear miembros del tribunal en Madrid, pleitos en Bankia y Caja Segovia y un largo etcétera).
Rosa argumentó que no podíamos repetir el modelo fracasado del PSC-PSOE ni el multipartidario de la UCD. Argumentó que nosotros teníamos un programa y un relato ideológico y que nuestras listas de afiliación estaban abiertas a cualquiera que coincidiese con él. El tiempo nos ha dado la razón a los dos.
Somos un partido transparente en el que se puede consultar ingresos de nuestros parlamentarios, sus citas con grupos de presión en el Parlamento, sus cuentas son públicas y organizaciones internacionales avalan nuestro nivel de transparencia. Visiten la página de Ciudadanos y consulten sus hechos. ¿Alguien cree que con lo que ha caído en Cataluña nosotros no estaríamos ya personados en un juzgado, no habríamos abrumado a intervenciones en el Parlament? Sin embargo, el tiempo también me dio la razón: la ciudadanía sigue sin entenderlo. Es tiempo, por tanto, de intentarlo con luz y taquígrafos, de pensar en lo transcendente del momento y poner la libertad y los derechos de los ciudadanos por encima de nuestros resabios.
Publicado en elconfidencial.com
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