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El timo de la luz

Salvo Bárcenas, los que andan en ilícitos dinerarios son poco proclives a documentarlos. Ni se dan recibos en el trasiego de los sobres y los maletines, ni se extienden facturas con el concepto de “favores”. Por el contrario, el timo de la luz se acredita en la propia factura que las víctimas reciben. Como quiera que el singular procedimiento ha ido dando a las empresas eléctricas opíparos resultados, pues el sistema de puertas giratorias por las que los políticos entran y salen de la función pública a los consejos de administración de las eléctricas induce al que las cruza a mirar todo el rato para otro lado, el precio de la luz se ha disparado un 75% en los últimos años.
El recibo de la luz es lo más parecido, en punto a ininteligibilidad, al contrato de las Participaciones Preferentes, esa otra macro-estafa en la que las puertas giratorias también hicieron lo suyo. Lo único que se entiende de él es lo que va al final en negrita, la monstruosa cantidad que la compañía pretende cobrar por el consumo de cuatro bombillas, una nevera, una lavadora y un televisor: treinta o cuarenta mil pesetas, tirando por lo bajo. La explicación, si es que cabe semejante cosa en lo inexplicable, se halla precisamente en lo que no se entiende, que es el resto de lo que pone en la factura y, sobre todo, en lo que no pone. Apenas el 37% de esa cantidad disparatada se corresponde con el consumo real de energía, y eso en el caso de que se haya leído el contador y siempre a precios desproporcionados. Lo demás, el resto de lo que se paga, son milongas (peajes, deudas, insularidades, moratorias, renovables...) que se han inventado entre las compañías y los políticos que les hacen compañía, e impuestos de la más diversa laya que también se han ido inventando con el tiempo y con una dedicación extraordinaria.
El resultado de este megatimo de la luz es, como el de toda estafa institucional, el empobrecimiento de la gente, o su ruina en tantos casos. Eso que se ha dado en llamar, de manera harto eufemística y cursi, “pobreza energética”, señala la acción, a los autores y a los cómplices. Y el efecto: la oscuridad, la miseria, el frío de los niños y de los ancianos en las casas.

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