En 1918 la Virgen de la Esperanza de Triana estrena nuevo palio obra de Miguel Olmo, artesano que instaló a principios del siglo pasado su taller en la calle Francos de Sevilla. Sus producciones fueron limitadas, apenas un tercio de siglo, pero de magnifica calidad como lo demuestran los bordados de los palios y mantos de las Vírgenes de la Concepción y el Patrocinio o la tumbilla y faldones de la Virgen de los Reyes; todas de Sevilla.
Los antecedentes históricos del estreno del palio están en los años previos a la Exposición Iberoamericana que provocaron una revolución estética sin precedentes en el campo artístico sevillano, esta afectó sin lugar a dudas al mundo de las cofradías que fueron cambiando la apariencia decimonónica de corte romántico, por una más “moderna”, que se asimiló a través de la arquitectura historicista en la que florecieron las artes aplicadas (cerámica, forja, carpintería) y que hizo un revival de los estilos mas importantes de la ciudad: el Mudéjar, el Renacimiento y el Barroco.
La hermandad de la Esperanza de Triana no iba a ser menos y busca un diseñador en el que depositar su confianza para que defina su estilo e idiosincrasia, designando al ceramista don José Recio del Rivero. Una vez aceptado el encargo decide inspirarse en los dibujos de la ornamentación cerámica trianera de los siglos XVI y XVII, que estaban recuperando los arquitectos del regionalismo. El hecho de que la cerámica fuese una de las principales actividades gremiales del barrio en el pasado y que la hermandad de la Esperanza fuese fundada en 1418 por este gremio, convierten el estilo del paso en todo un santo y seña de la identidad de Triana, siendo esta la primera vez que se usaron motivos cerámicos como fuente de inspiración en unos bordados, constituyendo una de las más originales aportaciones de la citada corporación al mundo artístico cofrade, algo no suficientemente reconocido, ya que frente a las trazas barrocas de Juan Manuel o las orientales del taller de Olmo, Recio optó por las trazas renacentistas que junto con las anteriormente citadas serán los diseños mas recurrentes para los futuros enseres de las cofradías sevillanas. El primer dibujo de Recio para la hermandad fue el manto que bordó Juan Manuel Rodríguez Ojeda en 1909; en esta pieza el bordador se aparta de su estilo ya que el dibujo es menos menudo y sigue unos trazos de grandes volúmenes de marcada filiación clasicista, incluyendo dragones alados, grifos, arcángeles y cartelas, propios de la ornamentación cerámica trianera.
Tras el éxito del manto, los esfuerzos de la Hermandad se centraron en cobijar a la virgen bajo un palio que no desmereciera de aquel, ideando el ceramista Recio uno absolutamente deslumbrante. Este diseño de 1918 fue la consumación estética del paso de la Esperanza de Triana insistiendo de nuevo en la decoración cerámica para darle una impronta más personal. El palio bordado en oro sobre terciopelo morado, poseía unas caídas que fueron concebidas con un perfil ligeramente ondulado, pero que por la manera en la que estaba dispuesto el fleco quedaba con forma de cajón. Las caídas delantera y trasera se asemejaban a dos frontales cerámicos sin dividir por cordones ni corbatas, centrando el dibujo se situaba una cartela con el escudo de la hermandad rematada por la corona Real y sustentada por dos ángeles tenantes, que era el elemento más significativo de su diseño. Las caídas laterales eran muy interesantes, en ellas se observan tres dibujos que van alternándose en cada paño, apareciendo los característicos “dragones”. A los pocos años de su estreno, antes de 1923, se producirá un ligero cambio, ya que el fleco del palio no convencía a la hermandad por el soso movimiento que tendría en la calle y la solución pasó por cambiar su disposición intercalando en cada paño una retícula de malla triangular rematada por borlas. De esta manera el palio terminó con sus caídas en punta.
Desde 1918 hasta 1950 en que la Hermandad de los Remedio de Ceuta adquiere las caídas para la Virgen del Mayor Dolor, la Esperanza de Triana procesiona en este palio, uno de los más ricos de su época, como lo demuestra su participación en una de las exposiciones que se celebraron en la Iglesia del Salvador con motivo del Congreso Mariano, que coincidió con la Exposición Iberoamericana de 1929.
Una vez adquiridas las bambalinas de Olmo por la hermandad ceutí, se restauraron en el taller sevillano de Santa Isabel en 1959, en este primer pasado se alteró el diseño primitivo de Recio, ya que el terciopelo original fue sustituido por malla, suprimieron los ángeles tenantes del frontal y la trasera, cambiaron los escudos de las cartelas por los propios de la hermandad y se remataron con un fleco de perfil ondulado. Posteriormente se añadió una crestería metálica que alteró aun más el dibujo original. Con el bordado de las bambalinas interiores se confeccionó el techo de palio y unos sobrefaldones que pendían de los respiraderos.
Las caídas se conservaron en este estado hasta que en 1994 fueron pasadas de nuevo a malla por el taller de Benjamín Pérez que le suprime la crestería metálica y recupera el antiguo remate, no así los ángeles tenantes. Fue una pena que se perfilaran los bordados con cordones de colores dándole una apariencia algo estridente, aparte de que la malla se rompió al poco tiempo por lo que hubo de ser restaurada en el taller del artesano ceutí José Duran Ambel. Con respecto a los sobrefaldones, sus bordados fueron pasados también por Benjamín en 1995 a los faldones y al nuevo techo de palio.
En 2007 los bordados sufrieron un nuevo pasado a cargo del taller de Juana María Ibáñez de Albaida del Aljarafe (Sevilla) y aunque en esta intervención se manejó la premisa de recuperar en lo posible el diseño original de Recio, el resultado no fue satisfactorio, entre otras cuestiones por el empeño de continuar usando la malla de oro como soporte, algo que es totalmente incompatible con la concepción original de la obra.
Actualmente se están realizando estudios sobre esta interesante pieza del bordado sevillano de principios del siglo XX; una obra que forma parte del patrimonio religioso y artístico de Ceuta y todo un reto para la Hermandad de los Remedios que, como propietaria y responsable de su conservación, está planteándose una nueva y definitiva restauración para que las bambalinas recuperen su aspecto y esplendor original.
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