Opinión

El padre Avelino, por Basilio

Cuántos de los hombres que han sido han dedicado su vida a la búsqueda del ideal de belleza? De ellos ¿cuántos lo habrán encontrado? El olor a madera quemada hace presagiar que el padre Avelino estará cerca.
En el vestíbulo del Colegio San Agustín el tiempo ha desaparecido, pues una pieza inmensa de madera nos advierte que las líneas de la perfección existen, tanto así como la elevación del espíritu. La historia de este colegio centenario condensada en un amasijo de felicidad, de líneas felices, donde cada una ocupa su lugar.
Los recuerdos son vagos, y entre salen de la memoria, ya que hace décadas que no subo por los pasillos, pero es justo advertir que allí la belleza vive en juventud. Una galería de imágenes pirograbadas imita el mensaje de austeridad de la obra de Cervantes, y son acaso símbolo de justicia. (Imagino el momento en que se conocieron estas dos almas y se expresaron gratitud).
¿Cuántos de los hombres que han sido habrán dado su vida por el ideal de justicia, en ofrecimiento a los demás? ¿Hubo alguien que encontró su reino y su paz?
Si hubiese de vivir dos vidas, una la emplearía en el disfrute de la soledad, imitando la forma de vida de los primeros artistas; con la cabeza agachada, y con las velas encendidas haciendo sombras sobre la pared. El padre Avelino eligió una vida larga, y anduvo con valentía.
En estos días los fieles hacen filas por las calles para observar las imágenes del pesar, y la verdad es que las piernas enflaquecen al contemplar la santidad que recogen las tallas. De los imagineros he de aprender tanto como del cura que permanece en su altar: un solo error sobre la madera pudiese ser fatal, y echaría por tierra el testimonio, y habría que volver a empezar, ahora con la pureza mancillada, sin virtud ni bondad. Es la metáfora del pecado original, por si alguien me quiere escuchar.
Ahora que amanece en mi interior he de ponerme en valor. Sólo soy algo menos que los mozos que suben los tronos al golpe del pedal, pues llevo sobre mis espaldas un escritorio de madera, aunque solo lo utilice en los días de guardar. Otras guerras me esperan ahí fuera con que calmar mi sed y mi hambre de verdad.
El pirograbado es un arte en el que cada punto sirve para colegir la imagen final. Es la enseñanza que nos dice que si cada uno obramos en consecuencia, la justicia es pan comido, y ya no tendremos que esperar.
Mientras tanto, un anciano de sotana negra aguarda en la encrucijada a que un joven le venga a preguntar, no por el traje negro sino por su edad: ¿por dónde se llega al arte, por dónde se llega a su ciudad?
El anciano cogió su punzón incandescente y grabó en una tablilla el mensaje que quería descifrar: “Por donde la paciencia derramada, ¿acaso no viste mi señal?”.

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