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El officium defunctorum, de Tomas Luis de Victoria

Victoria probablemente sea el mayor compositor español de todos los tiempos. Hubo una época en la que España exportaba cultura al resto del mundo. Una especie de globalización española. El siglo de oro, debe llamarse, y fue en esa época donde tres de los compositores más importantes a escala mundial eran españoles. Francisco Guerrero, Cristóbal de Morales y Tomás Luis de Victoria.
Tomás Luis de Victoria había nacido en Ávila, en 1548. Algunos dicen que nació en la pequeña localidad de Sanchidrián, pero no está comprobado. A mediados de la década de los 60, se fue a Roma donde ingresó en el Collegium germanicum, fundado por los jesuítas, y allí estudió con Palestrina. En Roma, en 1573, sucedió a Palestrina como maestro de capilla y también allí se ordenó sacerdote. A su regreso a España, en los años '80, trabajó como capellán privado y maestro de capilla en el convento de las Descalzas Reales de Santa Clara, donde se había retirado a pasar sus útimos años la emperatriz María de Austria, viuda de Maximiliano II de Austria y hermana de Felipe II. Victoria mantuvo el puesto hasta la muerte de María de Austria en 1603 y después, como organista en el mismo convento, hasta su propia muerte en 1611. Hizo sin embargo otro viaje a Roma donde publicó casi todas sus obras y donde también acudió, tristemente al funeral del que había sido su maestro, Giovanni Perluigi da Palestrina
El officium defunctorum es la obra más extensa e importante de Victoria.
Fue escrito para conmemorar la muerte de la emperatriz María de Austria, en 1605 (la emperatriz había fallecido en 1603) Se trata de una obra coral, a seis voces, extensa, formada por muchos números.
Además de los normales que se encuentran en todo requiem (según el concilio de trento y el misal de Pío V de 1570): Introito, Kyrie, Gradual, Offertorium, Sanctus, Agnus dei y Commun), Victoria añadió tres piezas más. Por un lado, una de las lecciones del libro de Job, que se canta en los maitines, al principio de la misa, y por otro lado, un motete y una súplica de absolución que se cantan juntos al final.
La pieza está escrita para seis voces mixtas, como decía antes. Dos sopranos, un alto, dos tenores y un bajo.
Muchos consideran esta pieza, y no les falta razón, la más importante de Tomás Luis de Victoria, y también la más representativa de la música española renacentista. La proliferación de notas de adorno, de retardos con resolución libre y la tremenda complejidad con la que está escrita, hacen que sea considerada como un paso natural del renacimiento al barroco. Y resulta curioso que sin embargo la pieza funcione tan bien con una austeridad, por otro lado, típica de Victoria, que emociona como pocas. Todo fluye como la naturalidad del que no tiene otra pretensión que su amor a su trabajo y a la música. Y esa naturalidad y esa simplicidad aparente son las que, sin embargo le otorgaron a Victoria un puesto destacado en la historia de la música.

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