En las próximas semanas, muchos pupitres permanecerán vacíos en algunas escuelas de Castillejos y de las zonas cercanas, incluidas las Escuelas Pioneras. Varios de los alumnos que se suponía que regresarían a sus aulas se encuentran hoy en centros de acogida para menores en la ciudad de Ceuta, después de haber conseguido llegar allí a nado durante los acontecimientos del 30/07/2026.
Uno de los momentos más difíciles recogidos durante aquellos hechos fue el de un niño que suplicaba a un soldado español que no lo devolvieran a su país.
Las personas pueden interpretar estas palabras de distintas maneras, pero resulta difícil no plantearse una pregunta dolorosa: ¿dónde está el problema?
¿Debemos responsabilizar únicamente a la familia? Muchas familias apenas consiguen cubrir sus necesidades básicas, especialmente después del cierre del paso fronterizo de Bab Sebta y del fin del contrabando de subsistencia, que constituía una fuente de ingresos para miles de hogares.
¿Debemos responsabilizar a la escuela? ¿O al mercado laboral? ¿O a la falta de espacios reales que acojan a los jóvenes y les ofrezcan esperanza de futuro?
¿Y dónde está el papel de las asociaciones de la sociedad civil, especialmente aquellas que reciben financiación pública y anuncian en sus programas que trabajan en el acompañamiento de la infancia y la juventud? ¿Dónde está el impacto de esa labor cuando el mar, con todos sus riesgos, se convierte en una opción que un menor prefiere antes que permanecer en su entorno?
Lo ocurrido no es únicamente una crisis migratoria, sino un mensaje social que merece ser leído con seriedad. Cuando un niño decide enfrentarse al mar y después suplica que no lo devuelvan, eso nos invita a todos a revisar nuestras propias responsabilidades, no a buscar a un único culpable al que cargarle toda la culpa.
El sentimiento de pertenencia a un país no se construye solo con eslóganes, sino cuando el niño siente que su patria le ofrece esperanza, una educación de calidad, dignidad y una oportunidad real para soñar y cumplir sus sueños dentro de su propio país.
Quizá la primera lección de este inicio de curso escolar sea que los pupitres vacíos no son simplemente ausencia de alumnos… sino un indicador al que todos deberíamos prestar atención, antes de que se convierta en una realidad que se repita año tras año. Puedo adaptarla también a un castellano más periodístico, más institucional o más cercano al lenguaje de redes sociales si lo necesitas.
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