Tres mujeres ceutíes analizan el uso del velo islámico tras el caso de Najwa, alumna de un centro educativo de Madrid. Coinciden en el “respeto” desde distintas perspectivas.
Una polémica cíclica. Cuando parecía que la regulación del hiyab o velo islámico por parte de los consejos escolares de los centros educativos estaba acordada, el caso de la estudiante Najwa Malha en Madrid devuelve a la actualidad una cuestión que, en la ciudad autónoma, está asimilada después de las situaciones resueltas en el Severo Ochoa y San Daniel. Pero más allá del caso surgido en Pozuelo de Alarcón, ¿qué significa esta prenda para las musulmanas? Tres integrantes de la comunidad ceutí analizan la utilización del pañuelo que cubre el cabello y deja al descubierto el óvalo del rostro femenino.
El Corán recoge la figura del hiyab en dos versículos: la sura de los coligados, aleya número 59 y la sura de la luz, aleyas 30 y 31, especialmente la segunda, explica Yalila Liazid, devota musulmana. En el contenido de la primera parte expone: “Profeta dí a tus esposas e hijas y a las mujeres de los creyentes que se cubran desde arriba con sus vestidos. Esto es lo más adecuado para que se las reconozca y no se las ofenda”. Por su parte, la traducción de la sura de la luz, aleya 31, solicita que las fieles “guarden las partes privadas y que no muestren sus atractivos a excepción de los que sean externos –cara y manos- y dejen caer el tocado sobre el escote”.
Liazid confiesa que hasta los 25 años, una vez terminada la carrera, no se puso permanentemente el hiyab porque “hay que estar convencida” para su utilización. “Supone la culminación de una educación, la adquisición de una ética y poner en práctica unos principios”, explica Liazid, quien asegura que el velo islámico “no impide que la mujer se realice como persona”. Recuerda a la ciudadanía que conocer la “ciencia y el saber es una obligación de los musulmanes” y acude al Corán para recuperar que las “mujeres del Profeta destacaban en muchos ámbitos de la sociedad”.
Una conversa, quien opta por guardar el anonimato, relata cómo profesó el islam “por amor” y asegura que su introducción en la comunidad fue “gradual” pero reconoce la influencia del entorno para su utilización. Esta ceutí discrepa con Liazid en cuanto a la interpretación de los versículos del Corán dedicados al velo: “La aleya se refiere a las mujeres del Profeta Muhammad, pero no a todas las mujeres del islam. Era sólo para las féminas en aquel contexto”. Las circunstancias históricas, reitera, están en la base del texto sagrado. “Era un momento de confusión y conflicto en el que había que diferenciar a las mujeres honradas”, comenta la convertida al islam. Liazid sostiene que en aquel momento se establecen los “valores fundamentales de esta sociedad” en Medina basada en la jurisprudencia y se regula un tocado de la tradición de la alta clase preislámica.
Malika Abdeselam, ex directora territorial del Insalud y en la actualidad sindicalista en el sector de la sanidad, se define como musulmana “de los pies a la cabeza” pero indica que “jamás” ha utilizado el pañuelo. Recurre a las palabras de su abuela para basar su postura: “La religión se lleva por dentro, en el corazón, y por mucho que te tapes el pelo eso no quiere decir que seas mejor musulmana”, aunque reconoce que todas sus familiares de generaciones anteriores llevan hiyab por la “costumbre y tradición”.
Si hay algo en lo que coinciden estas tres musulmanas es en el “respeto” hacia el velo islámico. “Nunca coaccionaría a una hija para que lo vistiera”, asegura la conversa ceutí, y Liazid defiende que es fundamental “respetar la sociedad en la que vivimos pero tampoco hay que dejar que la excepción se convierta en la regla” para pedir que el “ejemplo de Ceuta” se traslade a otras ciudades ya que fomenta la “convivencia” entre confesiones y estima conveniente “abrir un debate” siempre en el marco de la Constitución.
La ciudadana de Ceuta que antes llevaba hiyab afirma que no es lo mismo un símbolo religioso exterior, como puede ser un crucifijo en clase o la reproducción impresa de versículos del Corán en las aulas, con el pañuelo de una musulmana o el collar con un crucifijo de un cristiano ya que forman parte de la intimidad de cada persona.
“Cada vez hay más niñas con pañuelo en los institutos”
La ciudadana conversa que utiliza el hiyab considera que “cada vez hay más niñas musulmanas con pañuelo en los institutos”. Esta ceutí afirma que se suman a esta tradición “cuando se echan novio” aunque indica que la menstruación supone para la mujer una “entronización en el islam”. Asegura que, en caso de que su utilización no sea voluntaria, “se coacciona a la mujer para su imposición”, y entiende que “cuanto más se prohíba, más se fortalecen los extremismos”. Por su parte, Yalila Liazid, creyente musulmana, estima que la alumna de Madrid cuenta con autonomía suficiente para decidir porque “no existe una edad determinada” aunque suele darse cuando la niña “se desarrolla”, es decir, “deja la etapa de la infancia a la adulta”, para insistir en que “cada una lo lleva cuando estima oportuno”. La alumna Najwa Malha, musulmana española de 16 años, decidió en febrero cubrirse la cabeza con el hiyab, informaron los medios de comunicación nacionales. La joven quería hacerlo en casa, en la calle, en sus espacios de recreo y también en su instituto. Fue en este último lugar donde surgió el problema y la nueva polémica en torno a su utilización. Su centro, el Camilo José Cela (Pozuelo de Alarcón, Madrid), le cerró el paso si no se descubría la cabeza como marca su reglamento interno. Finalmente, tuvo que cambiar de instituto para acudir a clase con el velo ya que el consejo escolar mantuvo esta medida.
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