Categorías: Colaboraciones

¿El fútbol es así?

Me declaro rotundamente contrario a la violencia. A todo tipo de violencia. A la violencia física por supuesto, pero también a la violencia verbal, y a la violencia psicológica. Y, por ende, y particularmente en estos días, a la que se genera alrededor del fútbol. Por eso, en un espacio semanal como éste, en un medio de comunicación como el que da cabida a estas letras, en un ejercicio verdadero de libertad, de libertad de expresión como el que ejerzo cuando me dirijo a los lectores y en el que pretendo reflexionar fundamentalmente  sobre  acontecimientos, actuaciones,

sentimientos. sobre nuestra sociedad de este siglo XXI  y al hacerlo  reivindicar de forma constante los valores más positivos que deberían ser el epicentro de la existencia humana, no puedo ser ajeno al violento fallecimiento de Francisco José Romero, en una reyerta multitudinaria entre radicales en Madrid.
Por supuesto que todos lamentaremos esa muerte. Como cualquier muerte violenta. Dos hijos añorarán  a su padre, un niño de 4 años y un chaval de 19 a los que seguramente será muy difícil explicar  por qué ocurrió esta tragedia. Pero, además de lamentar el terrible acto violento, sea quien sea la víctima, con un fatal desenlace, es necesario sobre todo reflexionar sobre su origen más allá de la vandálica  y premeditada pelea entre grupos radicales en las cercanías del Vicente Calderón. Una más de tantas alrededor de nuestros campos de fútbol pero también una señal de que algo más está pasando.
Después de la tragedia llegan los comentarios de todo tipo. Muchos se explayan en explicarnos las supuestas conexiones con los extremismos políticos : dicen (y yo confieso mi ignorancia) que el Frente atlético, como Ultra Sur y algunos otros, son extrema derecha. Y que los Riazor Blues  así como los grupos radicales del Rayo, el Alcorcón o el Celta entre  otros, son extrema izquierda. Y yo cuando escucho esto pienso que no. No son nada de eso. Son simplemente extrema violencia. Sin más. Exactamente lo mismo. Una forma de entender la vida basada en el odio, en la creencia de que la violencia les reafirma como seres superiores, donde el grupo, la tribu o la banda les convierte en destructivos y violentos con la falsa excusa de la supervivencia frente al diferente.
También oiremos decir que el fútbol es un reflejo de la sociedad. Y puesto que en la sociedad hay violencia… Y sin embargo yo creo que el fútbol, como deporte, no es en absoluto el culpable. Creo que la responsabilidad reside de forma nuclear en la carencia de educación y de formación en valores en la sociedad en la que vivimos .  Y éste es un problema que no es exclusivo de los radicales y el fútbol.  El fútbol se ha convertido en un escenario sin duda propicio para concentrar el mayor número de acciones violentas en el deporte. Los números siempre cuentan y entre masas las rivalidades se convierten rápidamente en odio. Y esto, el odio, no es una cuestión que aparezca de la noche a la mañana, por generación espontánea…. no. Se va generando poco a poco, y de esa generación y crecimiento todos somos responsables.
Cada semana, en cientos de campos de fútbol se insulta gravemente al árbitro , a su familia, o al rival de forma casi sistemática e impune (yo he llegado a ver a padres animando a sus hijos a insultar mas alto y mas claro)… Se gritan cánticos pseudoracistas como si formaran parte de una intocable tradición centenaria, se realizan declaraciones incendiarias por parte incluso de responsables deportivos, se aviva la polémica extradeportiva desde los medios de comunicación sin la mínima objetividad necesaria… Y todo esto sucede ante nuestros ojos semana tras semana. Ahora vamos a ver cómo se suceden declaraciones de especialistas con supuestas buenas ideas para erradicar la violencia del fútbol. Me gustaría que alguno de esos especialistas mencionara siquiera algunas de estas conductas que yo acabo de relatar…y sin embargo lamentablemente dudo que lo vayan a hacer. Pareciera que hubiera que asumir que esa parafernalia absurda del insulto, de la polémica sin base o de la confrontación artificialmente tensionada contribuyera a unos mejores resultados… ¿deportivos? ¿O serán solamente resultados económicos los que animan todos este circo? Ya basta de tanta hipocresía alrededor del “deporte rey”.
Destapemos de una vez por todas a los clubes y a organismos que miran hacia otro lado ante los violentos en cualquier parte del mundo. Condenemos cívicamente al violento físico o verbal al ostracismo. Proclamemos que queremos poder  sentir  unos colores sin odiar a otros, que creemos en la pasión cuando esta pasión no amenaza tragedia, que queremos y podemos aplaudir al equipo contrario como la cosa más natural del mundo sin miedo a imputaciones de traición o a miradas de condena. Creo que la mayoría de los espectadores y aficionados pueden ser  tan entusiastas como pacíficos y que eso es perfectamente compatible… Exijamos una educación en valores, sin la cual una sociedad no tiene futuro alguno. Porque no es solo el fútbol el que tiene un problema con la violencia. Es toda nuestra sociedad. Es toda esa buena gente….           

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