Tras 5 años en Ceuta, ‘El Faro’ visita las instalaciones del RCAC 3, donde los efectivos cuidan al máximo el mantenimiento de estos valorados vehículos germanos
Hojeando artículos jurídicos, se topa el periodista con la definición del concepto 'perfección' y lee lo siguiente: "Fase y momento en que, al concurrir todos los requisitos, nacen los derechos y obligaciones". Cierra el libro y comienza esta crónica con una pregunta: ¿Acaso no sucede algo similar, pero en ámbito castrense, si nos atenemos al 'modus operandi' de las unidades y al posterior servicio por la Patria?
Sucede y ayer, in situ, vivió cómo, en el acuartelamiento 'Coronel Galindo', sede del RCAC 'Montesa' 3, diversos efectivos trabajaban con admirable orden mimando a una de las joyas del Ejército de Tierra, los carros de combate Leopard 2 A 4 que, justo a comienzos de mayo, cumplen cinco años desde que llegaran a Ceuta, en sustitución de los M 60. Por tal motivo, 'El Faro' se desplazó hasta la sede de Montesa para ver cómo se desarrollan las labores de mantenimiento de estos vehículos de origen teutón tan valorados: "Ahora tenemos una instalación más adaptadas a las necesidades que hace un año y medio y en la que podemos trabajar cómodamente, por ejemplo, gracias a que contamos con un puente grúa de 18 toneladas".
Las palabras pertenecen al brigada Francisco Javier Gallego de la Sacristana, jefe de la sección de mantenimiento del RCAC 'Montesa' 3, quien explica asimismo los diferentes escalones de mantenimiento existentes: "El primero es el básico, y poniendo un ejemplo civil decimos que es el conductor que tiene su coche y le mira sus niveles, que sabe cambiar una rueda y poco más; el segundo, sería cuando hay un nivel de avería que ya implicaría llevar el coche a un taller, se trata por ende de una operación que tiene cierta complejidad y que exige una serie de conocimientos; el tercer y el cuarto escalón sería cuando a un coche de un civil le tendrían que mandar un conjunto de fábrica o lo tiene que llevar a un taller más específico, pero, claro, esto extrapolado al ámbito especializado castrense", señala.
Bien sabe lo que cuesta mantener a estos carros, no sólo en lo concerniente al vil metal sino, y sobre todo al sacrificio diario, el teniente coronel Tomás del Cojo López, quien explica que "España ha hecho un encomiable esfuerzo en los últimos años para estar a la altura de los mejores ejércitos en material, hecho que supone tener unos componentes caros y que sólo se pueden mantener con mucha profesionalidad. Todo el tiempo estamos reciclándonos, preparándonos y haciendo cursos", añade.
A pocos metros, el sargento Mohtar, jefe de un carro de combate Leopard 2 A 4 indica que " comprobamos a diario los niveles del vehículo" para a continuación detallar que "el cañón puede soportar una presión de 5.000 bares y además la dirección de tiro es la encargada de coordinar y hacer coincidir la elevación del cañón con la distancia, gracias al telémetro láser, y la velocidad del objetivo, tanto propia como el carro enemigo" aunque, no obstante, "lleva una electrónica compleja para conseguir un disparo que sea impacto", remarca.
El ruido del motor de un Leopard A 2 4, rasga el ambiente de Coronel Galindo; el movimiento concede la siguiente cuestión: ¿Puede 'cualquiera manejar este tipo de carros? "No, pues se requiere un carné específico, el FD 1. Aquí hacemos un curso teórico mientras que el práctico se hace en Zaragoza", se apresura a responder el sargento Mohtar.
Antes de pasar al patio de armas, aún se escucha al brigada Gallego de la Sacristana, acceder a su despacho, la zona en la que está instaurada el sistema SIGLE, "es decir", cuenta, "el sistema informático donde se introducen todos los datos de gestión de las distintas áreas, como la de mantenimiento, que es la mía".
El teniente Fermín Corada Ibáñez, jefe accidental del escuadrón de carros, frena el paso y se acerca desde el lateral del patio de armas: "Los recorridos por el exterior de Ceuta", indica mientras otea a los carros que copan el espacio, "se hacen bajo la coordinación de la Comandancia, de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y de la Policía Local y están programados aunque no cumplen con una periodicidad constante".
Asimismo, el teniente añade, a modo de ronda informativa que "los carros necesitan combustible diésel; que el depósito es de 1.160 litros; que tienen una autonomía de unos 340 kilómetros; que cogen una velocidad considerable para su peso (60 toneladas); y que corren hasta alcanzar los 68 kilómetros por hora".
¿Y los Leopard A 2 4 circulan por todas las superficies? "Por todas", contesta Corada Ibáñez, "pueden superar obstáculos de 1,2 metros y están preparado para moverse por agua, hielo... No han participado en ninguna misión internacional por el momento pero lo sacamos constantemente y vemos que están preparados para servir en cualquier misión". El teniente dice que "en la torre tenemos una forma principal de operar, la estabilización, que consiste que aunque se mueva la barcaza, el cañón queda siempre apuntando al mismo sitio, tanto en elevación como en dirección, lo que implica que se puede abatir a los enemigos estando en movimiento ", concluye al tiempo que el motor de un Leopard 2 A 4 vuelve a atronar.
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