De nuevo la empresa Hércules en el punto de mira y de nuevo las deudas arrastradas con unos trabajadores que, prestando servicios, ven pisoteados sus derechos. La Ciudad no ha podido ser más clara: se está siendo ágil en el abono de las facturas para que la empresa no tenga excusa a la hora de justificar los impagos echando balones fuera. Oficialmente se es escrupuloso pero también se tiene que actuar conforme a la ley y no obedeciendo impulsos. En la calle es fácil dar soluciones a este conflicto, pero en los despachos se funciona de otra manera y hay que justificar cualquier decisión con un informe oficial, con unos servicios jurídicos que avalen cualquier paso que se tenga que dar.
A la Ciudad ganas no le faltan de intervenir en este conflicto laboral, pero ni debe ni puede hacerlo. La única vía que le queda a la administración es echar mano de los recursos que permite la ley para llevar a cabo desde sanciones hasta lo más sangrante, la rescisión de un contrato.
El problema generado por los impagos de Hércules está afectando a muchas familias. Quizá lo que debe aprenderse de asuntos así es que se deben imponer medidas previsoras a tiempo para que los contratadores dispongan de los medios necesarios para cortar de inmediato ante el más mínimo retraso o incumplimiento.
No queda más que esperar, confiar en que protestas como la de ayer terminarán quedando solo en el recuerdo.
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