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Edchera, la muestra del más puro ardor guerrero llevado hasta el último aliento

Por Alfonso José Jiménez Maroto
09/02/2026 - 07:31
edchera-muestra-ardor-guerrero-ultimo-aliento-001
Imágenes cedidas

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Eran tiempos convulsos en una tierra baldía y más aún, si cabe, en el avispero marroquí, habitualmente levantisco e insurgente y alzado en pie de guerra, en el que la horda de turbantes practicaba como pez en el agua, la guerra de guerrillas con agresividad desenfrenada y movilidad superlativa. Y es que, tras la Independencia de Marruecos y el punto y final del Protectorado español, la realidad de los territorios como el Sáhara, Ifni y Cabo Jubi, comenzó a ensombrecerse con los peores pronósticos.

Como se ilustraría alegóricamente, en un abrir y cerrar de ojos, las bandas armadas del denominado Ejército de Liberación Nacional de Marruecos (Yeicht Taharir), eclosionaron y proliferaron en sus operaciones. A un tiempo y en un espacio relativamente parco, surgirían en el Sáhara las primeras partidas rebeldes para descorchar al más estilo del espíritu belicoso las fauces del infierno.

Por aquel entonces, los servicios de información creían estar convencidos que estos movimientos derivados del corolario de cabilas satélites susceptibles a su cosmovisión particular de hacer la guerra, inclinaban la balanza contra la Mauritania francesa. Así se dedujo que estas acciones no involucrarían de lleno a las demarcaciones españolas. Si bien, todo cambió drásticamente, porque la cifra de insurrectos aumentó en número y mordacidad y fruto de una política permisiva por parte de España, estas facciones consiguieron establecerse a sus anchas. Primero, acometiendo contra los intereses franceses y más tarde, le tocaría el turno a las posesiones españolas para mantener viva la memoria colectiva en uno de los episodios ocurridos, pero ahora encumbrado como símbolo de sacrificio, disciplina y lealtad: la Batalla de Edchera (13/I/1958).

No siendo la finalidad de precisar un relato exhaustivo de detalles en cuanto al desarrollo del combate, pero sí toparnos con la tesis desencadenante del conflicto, requiere retrotraernos en el tiempo en la que el país alauita consiguió desligarse de las dos potencias europeas que hasta ese momento gobernaban sus designios con Muhammad ibn Yūsuf o Sidi Mohamed ben Yúsef, más conocido como Mohamed V (1909-1961) a la cabeza. Ni que decir tiene, que el monarca tramaba llevar a término y consolidar un gran territorio que abrazaría la denominación del ‘Gran Marruecos’, en un período de yihad para lo que distingue: “liberar del yugo de la ocupación las tierras usurpadas” y que evidentemente, englobaría las superficies de Ifni y el Sáhara Occidental. Pero antes, la Independencia de Marruecos marcó un antes y un después en su evolución de un protectorado a una monarquía constitucional, siendo el desenlace de un desafío anticolonial contra los Protectorados de Francia y España.

En tanto, el apogeo nacionalista del brazo político de este artificio (Partido Istiqlal) que avivó el sentimiento anticolonial, seguido de Francia que derrocó y desterró al Sultán Mohamed V causando un aluvión de protestas y el nacimiento del Ejército de Liberación Nacional de Marruecos (ALN), más en pleno hervor la presión internacional, iban a ser las variables intervinientes para que finalmente Francia acabara cediendo en su reconocimiento la soberanía marroquí (2/III/1956), seguida más tarde por España (7/IV/1956), hasta convertir el Sultanato en un Reino Independiente.

A fin de cuentas, Marruecos rescató la zona internacional de Tánger y algunos espacios del Protectorado español, aunque Ifni y Tarfaya se reintegraron a posteriori. De este modo y con determinación en su designio, Mohamed V facilitó a diestro y siniestro armas a miles de hombres y constituyó el ALN. Un contingente que tras poner en jaque los territorios galos, situó como prioritario y en el centro de atención las demarcaciones de España. Y no era para menos, porque la fuerte represión imprimida por los bandos disidentes del Ejército de Liberación por parte del rey, robusteció a más no poder el control de la monarquía.

Hasta el punto, de incrustar el desenvolvimiento de un embate de liberación nacional a la composición de un estado soberano.

Haciendo una breve pincelada que pormenorice la razón de ser del ALN, con bases en Gulimin y Assa y presto contra el protectorado francés y español, tuvo entre sus filas a mandos marroquíes experimentados en Indochina y algunos prófugos que en su día recayeron en la Legión Extranjera, aglutinó su peso para la independencia, pero maniobró de manera semiautónoma de cara a Mohamed V. Aunque desde el primer momento incorporado en las Fuerzas Reales y antes de ser desbaratado, círculos del ALN se agitaron contra la corona, enardeciendo tensiones y movimientos militares conjuntos franco-españoles en el Sáhara.

No ha de soslayarse que el ALN compitió por el retorno del Sultán, al igual que confluyó un trato enrevesado cargado de susceptibilidad. De hecho, Mohamed V quiso incluir estas milicias irregulares en las recién establecidas Fuerzas Armadas Reales, al objeto de concentrar el poder. Lo que inevitablemente causó despecho en el Rif, contrapuesto al incremento paulatino del influjo extranjero. Posteriormente, elementos del Ejército de Liberación en el sur y la región rifeña no admitieron la autoridad de Rabat, persistiendo la lucha armada contra España en Ifni y el Sáhara (1957-1958). En último lugar, el régimen de Mohamed V presionó para desarticular y deshacer estas fuerzas con muchos de sus componentes, aunque otros se consideraron engañados, incorporándose a las Fuerzas Armadas Reales instituidas el 14/V/1956.

“He aquí, uno de los espíritus de quiénes allí estuvieron en cuerpo y alma y derramaron hasta la última gota de su sangre: El espíritu del legionario es único y sin igual, es de ciega y feroz acometividad, de buscar siempre la distancia con el enemigo y llegar a la bayoneta”

Dicho esto y enmarcado en una instantánea temporal el marco cronológico que de pie a encajar las piezas de este puzle, siquiera acarreando la congoja y el abatimiento de no abandonar la introspección de una España tambaleándose y en la retina de sus ojos la rudeza de las tribus rifeñas en el pensamiento, imprimido sobre las Fuerzas Coloniales tras el Desastre de Annual, se libraría una de las batallas más cruentas de la Guerra de Ifni para realzar el valor y la determinación de la XIII Bandera de la Legión.

Desde sus comienzos, el Yeicht Taharir perpetró múltiples infiltraciones en zona española, con la evasiva de que combatían contra los franceses. Muestra que aún no reparábamos en lo que estaría por venir. Pero en estas incursiones el ALN se valía para autoproclamarse entre las tribus, diseminando la división que no se dilataría en demasía hasta saltar en pedazos.

Como antes he mencionado, la violencia del conflicto y la presión exterior empujó a Francia a reconocer la independencia de Marruecos. Toda vez, que España asumió el acuerdo a medias. Me explico: facilitó la zona norte pero con el pretexto de la inseguridad política habida en la zona, no cedió al territorio occidental. Ese guion gravitaba a que una vez alcanzada su independencia política, Marruecos no se quedaría de brazos cruzados y aguardaría obrar el ‘Gran Marruecos’, incluyendo a Mauritania y otras regiones. Para ello, incidió en reclamar la neutralidad de España en su rivalidad particular con los franceses, mientras ingeniosamente penetraba en la zona.

¿Acaso el gobierno español se rezagó demasiado en advertir los deseos separatistas de sus colonias, tras años para ocuparlas? Y para mayor escarnio, la población nativa era muy superior a la europea. Desde este momento la reacción de España se hizo sentir para preservarlas, porque sus tropas sobre el terreno se simplificaban al Tabor de los Tiradores de Ifni y las Fuerzas policiales, donde muchos de sus hombres eran indígenas y la garantía en su lealtad era, cuanto menos, incierta y cambiante.

Es por ello que por Orden Comunicada del E.M. de 1956 se implanta la XIII Bandera de la Legión del África Occidental Española (AOE), centralizando las colonias en el oeste. A su vez, la AOE queda repartida en la zona sur (Cabo Juby), La Saguia el Hamra, con capital en El Aaiún y la colonia de Río Oro, con metrópoli en Villa Cisneros. A la par, la XIII Bandera de la Legión se constituye en base a una compañía de cada uno de los Tercios acomodados en Ceuta, Larache, Taüima y Villa Sanjurjo, estableciendo su sede en El Aaiún y quedando dispuesto en cinco compañías.

España entreviendo el cariz mordaz que tomaba la situación, desde primera hora se dispuso como bandera independiente e iría acentuando compañías hacia el interior. Prueba de ello es que el gobernador de la AOE dictaminaría el ensanchamiento de la XIII Bandera de la Legión, conformando un trígono en Aguenitm, Tichla y Auserd, con la orden de desarmar a los desertores que rebasaban la frontera y consignarlos cuanto antes a Marruecos.

Ya no existía la más mínima duda, la causa inatajable de descolonización y la pretensión calculadora de Marruecos, hacían que el conflicto bramase en cualquier instante. Aunque algunos optaron por denominarlo conflicto, valga la redundancia, en lugar de una guerra en toda regla, los españoles que allí habrían de sacrificar sus vidas por preservar la bandera flameando, desenmascararía las primeras acciones heroicas en el devenir de la contienda.

Podría decirse que estaríamos avistando en el punto cardinal una conflagración no pronunciada, pero que merece un capítulo excepcional por la intensidad con la que se desplegó. Y porque en cierta manera no se combatía contra una milicia regular, sino contra concentraciones de combatientes constituidos por antiguos secuaces acérrimos a la independencia.

Tal vez, sujetos vinculados a las Fuerzas Armadas marroquíes y para algunos estudiosos de las campañas hispano-marroquíes, respaldados por el Istiqlal y el rey. Aunque para otros, individuos subversivos al Mazjen, que instaban a su levantamiento al más puro proceder argelino.

Para ser más preciso en lo fundamentado, el Alto Comisionado de Veteranos de la Resistencia de Marruecos diferenciaría esta cruzada como “un eslabón de oro” y fríamente manifestó literalmente que era “solo el comienzo de la yihad épica para construir un nuevo Marruecos, la primera de las cuales fue liberar del yugo de la ocupación las tierras usurpadas restantes”.

Adelantándome a los visos de bravura y arrojo que seguidamente desmenuzaré y como punto neurálgico las cercanías de Edchera, éstas sacan a la luz la generosidad engalanada sin límites en el campo de batalla en su nivel extremo, para finalmente hacer honor a uno de los espíritus de quiénes allí estuvieron en cuerpo y alma y derramaron hasta la última gota de su sangre: “El espíritu del legionario es único y sin igual, es de ciega y feroz acometividad, de buscar siempre la distancia con el enemigo y llegar a la bayoneta”.

He aquí, a estos hombres regios orgullosos de ataviar la impronta del antiguo Tercio de Extranjeros, pero ahora realzando la estela de la XIII Bandera de la Legión, que a pesar del intenso fuego recibido, buscaron aproximarse sin vacilaciones para combatir y jamás ver empequeñecido el más mínimo rastro de sacrificio y heroísmo llevado hasta la extenuación y eternizarse en los anales de la historia con letras de oro, hasta formar parte de los Soldados de todos los tiempos revestidos de esplendor y plenamente satisfechos, al vislumbrar que el destino de la Patria común permanece indemne.


Con estas connotaciones preliminares, la Batalla de Edchera evidenció el encarnizamiento de la guerra de guerrillas y la complejidad de amansar a una urbe que fuera como fuere, bregaba por su independencia en respuesta religiosa. Ya en la extensión distinguida por Edchera y a unos treinta kilómetros de El Aaiún, capital del Sáhara, se hallaba la única senda viable para atravesar La Saguia el Hamra con vehículos hasta el oasis El Meseied del borde oeste.

En cambio, el margen este, teatro de la lucha mortífera, ofrecía otras alternativas para los asaltantes. O lo que es lo mismo: contribuía a que continuaran escondidos en su flanco con resguardos de arenisca de unos sesenta metros de pendiente, además de pedruscos, socavones, surcos, zanjas profundas y angosturas naturales. Claro está, que las tentativas de envolvimiento fueron inoperantes debido al contratiempo geográfico y a la eficiencia del mecanismo adversario.

Por otro lado, las detonaciones a modo de disparos eran efectuados de forma paralela al terreno, manteniendo una trayectoria casi plana y baja, sin elevarse por encima de la altura de una persona a pie, maximizando la probabilidad de impacto al barrer una larga distancia a ras del suelo.

Un fuego directo encaminado horizontalmente hacia el objetivo y con frecuencia aplicado para arrollar una zona o truncar el avance enemigo, en el que la bala no sigue una parábola pronunciada, sino que se prolonga en una trayectoria plana de un kilómetro aproximado desde el costado que escalaba mansamente y sin alternativa a salvaguardarse. Conjuntamente, en la concavidad del cauce seco existían pequeños collados y depresiones con malezas que posibilitaban el arte del enmascaramiento.

Y qué decir del enlace de las transmisiones con relación a los Jefes de Bandera, Compañía y Sección, porque en la época a la que me refiero estaban faltos de radios en su dotación. Es más, para ejecutar órdenes lo acostumbrado era recurrir a los enlaces o agentes de comunicaciones que en su ímpetu del deber cumplido por lo que estaba en juego, se apresuraban para hacer llegar la consigna escrita o verbal. Aunque en condiciones puntuales se valían de señales con persianas.

Haciendo una breve referencia al protagonista de esta disertación, la XIII Bandera de la Legión, reunía entre sus filas a tres compañías de fusiles, una de plana mayor y otra de ametralladoras y morteros. Mismamente, la compañía de fusiles comprendía tres secciones de tres pelotones cada una y con una escuadra de fusiles y otra de fusil ametrallador. También disponía orgánicamente de un pelotón de morteros de calibre 50 mm. Asimismo, la compañía de armas aparejaba dos secciones de ametralladoras y otra de morteros de calibre 81 mm. Ambos modelos pertenecían al ‘Sistema Valero’. Paralelamente, las unidades de ametralladoras se manejaban sumando pelotones a las compañías de fusiles en función del cometido a cumplimentar. Al igual que la sección de morteros intervenía plasmando la base de fuego del batallón.

Adentrándome en los hechos constatados de una de las confrontaciones más sangrientas y gloriosas, el contexto de esta epopeya es un paraje agreste, donde el sol calcinero y las dunas de arena se tornaban en un contrincante más para ambos contendientes y en una acción que no fue ni mucho menos un incidente repentino, sino que se extendió durante todo el día y la llegada de la noche.

En tanto, los integrantes de la XIII Bandera de la Legión penetran en el sector con la encomienda de efectuar un reconocimiento exhaustivo afín al cauce La Saguia el Hamra hacia el este y así obtener información de primera mano sobre el enemigo. Al mismo tiempo, que afianzar un itinerario estratégico y contrarrestar las fuerzas sediciosas que amenazaban la representación española en la zona.

Recuérdese al respecto, que las Banderas legionarias en el Sáhara se había incluido la dotación de un nuevo armamento y el acompañamiento de artillería ligera. Sin embargo, aquella jornada del 13/I/1958, no la portaba, siendo su base de fuego en términos cuantitativo, algo inconsistente. A pesar de todo, la Bandera se despliega poco más o menos, al completo de hombres con una columna para percatarse con la mayor precisión posible de la potencia efectiva del rival y averiguar su foco principal.

En el fondo de la cuestión los asentamientos más concurridos del ALN situaron sus fuerzas en la vertiente, escasamente a unos kilómetros de La Saguia el Hamra que se extendía hacia el norte entre Edchera y Tafudart.

Ya con anterioridad este escenario había empeorado cuando estos grupos turbulentos entablaron una sucesión de acometidas nocturnas, beneficiados por la protección que les disponía la dureza orográfica. No obstante, lo que se inició como una patrulla rutinaria se convirtió en un choque virulento: emboscados, implicando una destreza de acechanza por una caterva bien compacta y curtida y con ello un hombre incógnito de la cabeza a los pies, supieron explotar al máximo el medio tortuoso junto al desconcierto generado para infligir importantes bajas.

Aunque puedan existir discordancias tácticas en la descripción de lo que realmente envuelve una embocada, los expertos en la materia se inclinan que ésta sí que se produjo, o por lo menos, en el preámbulo de la operación se desató por sorpresa contra los camiones cargados de personal, una vez que la vanguardia era polarizada hacia las descargas que se ocasionaban al frente. Ciertamente, es debatible si al menos podría haberse tomado alguna prevención en previsión de lo que sucedería, cuando tan solo quedaban dos kilómetros para concluir la misión y se alcanzaba un objetivo en el que estaban los efectivos marroquíes.

“Edchera, se eterniza en la reminiscencia colectiva como insignia de valor, abnegación y honor provenientes de la XIII Bandera de la Legión, hasta convertirse en epígrafe y hazaña de futuras generaciones”

Una vez acaecido el desenlace, en milésimas de segundos el mando de la Bandera respondió con fuegos y reservas en el rumbo que valoró pertinente. Al igual que ejecutó su solicitud de apoyo aéreo y refuerzos para reorganizar su reserva. Hasta ese instante la lucha se desenvolvía con la regularidad de cualquier actuación de guerra. Es decir, con sus hechos satisfactorios y también contraproducentes. Amén, que es a partir del mediodía cuando se comprometieron los lances más caóticos.

No cabe duda, que la emboscada se fraguó de manera audaz, porque el enemigo apenas visible tras las dunas siguió de cerca la columna española. El fuego automático y ligero llevó a término las primeras bajas. Los legionarios combatieron valerosamente para conservar la cohesión y se acondicionaron para la defensa, repeliendo las embestidas con armas ligeras y fuego de mortero.

La andanza principal de la contienda lo protagonizó el primer pelotón que marchaba a vanguardia, negándose empecinadamente a recular ante la avalancha del fuego contrario, hasta que las bajas in crescendo le obligaron a retirarse dignamente. Las funestas irrupciones se prolongaron hasta el atardecer, cuando se originó el retroceso de las fuerzas marroquíes, cuyas mermas duplicaban a las españolas. En aquellos momentos, dispersas y sin individuos suficientes para encadenar el asalto, aquellas chilabas terminaron esfumándose en la oscuridad.

En consecuencia, mucho ha quedado entallado sobre esta acción memorable en el corazón de la Historia de los Ejércitos de España, de la que ineludiblemente aún quedan lagunas por desentrañar. Pero a pesar de los infortunios y reveses descritos en este pasaje, quienes allí participaron en cuerpo y alma, lo hicieron con profusa valentía y espíritu de sacrificio llevados a la plenitud.

Años después, Edchera, se eterniza en la reminiscencia colectiva como insignia de valor, abnegación y honor provenientes de la XIII Bandera de la Legión, hasta convertirse en epígrafe y hazaña de futuras generaciones, donde en las circunstancias más aciagas y desfavorables de la guerra, el espíritu humano es capaz de tocar el techo de cristal y alcanzar cotas inconcebibles.

Tal es así, que los combates de Edchera a sangre y fuego, discriminaron el ocaso del Yeicht Taharir o Ejército de Liberación.

Luego, es de justicia dejar esculpido en estas líneas, no hacer responsable o atribuir posibles desaplicaciones u omisiones, porque exponiendo lo incontrastable de lo que concluyentemente sobrevino aquel 13/I/1958, todos, sin excepción, cumplieron con su deber por encima de sus posibilidades y cristalizaron sus cometidos con el más puro y magnánimo amor patrio.

Hasta el punto, de no poder donar más de sí, al ofrecer sus vidas.

Obviamente, todo lo vertido en estos adversos y reversos teñido de sufrimiento, no sólo no resta ni un ápice de la intrepidez y osadía de los legionarios, sino que lo hace aún más llameante y para verificarlo nadie mejor que a quien hubo de hacer frente. En manifestaciones al pie de la letra de Mohamed el Her, uno de los jefes rebeldes que participó en el combate de Edchera: “lo que más nos admiró de vuestros legionarios fue que si uno caía, inmediatamente iba otro a sacarlo de allí, y si matábamos al segundo siempre había un tercero para jugarse la vida; pido a Alá poder mandar alguna vez soldados que sepan morir con la misma dignidad”.

A este tenor y como ningún otro, las Damas y Caballeros Legionarios de nuestros tiempos, recuerdan con pasión que ostentan el privilegio de ser los dignos custodios de vicisitudes como las pormenorizadas en esta narración, que han quedado entorchadas como la Batalla de Edchera.

Hoy por hoy, velar por conservarlas vivas y rejuvenecerlas en su mística dedicando la evocación de la Acción de Edchera para celebrar simultáneamente el Día del Antiguo Caballero Legionario, al igual que los valores compartidos con el Ejército a través de su Credo, es el ejemplo perceptible de la Brigada Rey Alfonso XIII de la Legión (BRILEG), donde cuyos corazones palpitantes se inmortalizan en lustrosos garantes del espíritu de cuerpo, del amor a la Patria y fidelidad a la Bandera, como del servicio sin límites a la ciudadanía en su conjunto. Pero por encima de todo, la docilidad de las Damas y Caballeros Legionarios, siempre primorosa en la disciplina y consagración, son los mejores recaudos de ese deber intachable allí donde se les demande y sin desentonos como la mejor carta de presentación.

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