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Dudar es una necesidad y un deber

Lev Shestov

Apoteosis de lo infundado

Intento de pensamiento adogmático

Madrid, Hermida Editores, 2025

Un repaso de los principales autores de la Historia de la Filosofía nos muestra cómo dudar de las afirmaciones categóricas de los principales teorías y doctrinas no es caer en un descrédito absoluto de la capacidad y de la necesidad humanas de acercarnos a la verdad y a las verdades. Las discrepancias mutuas de los autores considerados con razón como los grandes maestros ponen de manifiesto sus respectivas limitaciones y, a veces, sus errores. Dudar y desconfiar de sus doctrinas –a veces expuestas de manera “dogmática”- es, por lo tanto, una necesidad y un deber. 

En esta obra Lev Shestov, usando un lenguaje aforístico, analiza, critica y rechaza, teorías que la Historia ha demostrado que, por ser parciales, simplistas e incompletas, nos podían ser aceptadas como definitivas. Reconoce que las contradicciones en las que él cae son conscientes y ponen de manifiesto la línea irregular y paradójica que ha seguido el pensamiento. 

Parte del supuesto de que, “por desgracia, todo lo que es obra de las manos humanas… resulta imperfecto y que en el pensamiento teórico la modernidad no ha ofrecido “casi nada nuevo” y que la fe en el “entendimiento” no posee ninguna ventaja en comparación con otras creencias que reinaron antes. 

Shestov censura a los filósofos que presumen de carecer de pasiones y aspiran es la verdad a abstracta pero que, como los demás seres humanos “teme, se alegra, ama, odia, se cansa, se despereza, dormita, incluso duerme como como los comunes mortales por mucho que utilicen palabras incomprensibles. Defiende que el auténtico investigador de la vida debe estar dispuesto incluso a sospechar de la lógica y a recurrir a conjuros como hicieron Dostoiesvki y Nietzsche”. O, por ejemplo, que las posibilidades que se abren ante el hombre en la vida son relativamente muy limitadas y que no es posible ver todo ni entender todo, ni remontarse demasiado alto sobre la tierra ni penetrar en sus profundidades que siempre permanecerán ocultas- (p. 56)

Y cómo, en la vida práctica, sobre todo en la vida sociopolítica, la convicción, indispensable para lograr la unidad sustituye y supera a la argumentación y, para lograrla basta con “pronunciar una breve frase con voz sana, sonora, vibrante para cautivar a un auditorio hasta entonces receloso”. 

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