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La doble moral de no llevar la mascarilla en las zonas interiores

Esto será una "cuestión personal" que a día de hoy algunos aplauden y otros rechazan

El uso obligatorio de la mascarilla en interiores tiene los días contados. El Gobierno aprobará el real decreto en el Consejo de Ministros del martes 19 de abril. Dicha normativa se publicará en el Boletín Oficial del Estado al día siguiente y será cuando entre en vigor. En todo esto también existe su letra pequeña ya que hay algunas excepciones en las que no podrá ser así. Los hospitales, el transporte público, las residencias y en el caso del ámbito laboral, serán los departamentos de riesgos laborales los que decidan si los trabajadores deben llevarla, siempre o en circunstancias puntuales, como han informado las autoridades sanitarias de Ceuta.

La opinión al respecto de esta medida está servida. Algunos ansian porque llegue ese día y otros optan por continuar tal y como se está, ya que parece que nos encontramos en un momento donde los positivos en COVID-19 están al alza. Esto será algo parecido al debate que hubo y aún existe entre los que se vacunan y los que no se ponen ningún pinchazo. Desde un plano más filosófico; Francisco Javier Yáñez, profesor en el IES ‘Luis de Camoens’ hace mención de un texto de Immanuel Kant, que se llama ‘Respuesta a la pregunta: ¿Qué es la ilustración?’. “Llega un momento en el que los seres humanos debemos de abandonar la seguridad de lo que nos manda los demás y ser capaces de tomar nuestras propias decisiones”.

“Puede sentirse incertidumbre porque hemos asistido a cambios drásticos”

Las mascarillas quedarán a un segundo plano, los rostros se contemplará en todo su esplendor y esto acarrea un nuevo frente en el plano psicológico. Los comportamientos ante esta nueva realidad serán distintos entre unos y otros. “Esto tiene que ver con la personalidad y los antecedentes que tenga la persona. Los mayores, enfermos crónicos o inmunodeprimidos sufren más ansiedad, hipocondría o trastorno obsesivo y luego están lo que tienen ganas de comunicar, socializar, que consideran que el quitarse la mascarilla trae beneficios en el cambio de ánimo”, explica Antonio Cabrera Rada, vocal de la Junta de Gobierno del Colegio Oficial de la Psicología en Ceuta (COPCE).

El miedo está ahí, sobrevuela por las cabezas de algunos. “Quizás en los primeros momentos tras la entrada en vigor de esta medida haya una falta de control porque, por ejemplo, veremos en un supermercado a personas que las llevan, otras que no y esto generará una cierta preocupación”, añade Cabrera.

Dos años portando este material indispensable. “Puede sentirse incertidumbre porque hemos asistido durante la pandemia a cambios muy drásticos de opinión. En ciertas etapas se nos decía que el virus estaba vencido, pero la realidad era otra”, expresa este profesional de la salud mental.

“En algún momento esto acabará y con ella vendrá los besos y abrazos”

Con respecto a si la mascarilla la llevará siempre consigo determinados sectores de la población, el psicólogo Antonio Cabrera explica que “quedarán pequeños grupos con trastornos obsesivos compulsivos, que han sufrido malas experiencias y piensan que la mascarilla siempre las llevarán consigo. Pero aún así, se las quitarán al cabo del tiempo, aunque esto puede durar meses o años”.

Por supuesto, soluciones hay al respecto. El tiempo o someterse a las manos de un profesional. “La clave estará en la eliminación progresiva, con prudencia, ya que cada uno sabe sus antecedentes”.

En estos dos años hemos descubierto la fragilidad de la vida, hemos vivido momentos que no estaban dentro de nuestros esquemas mentales. Ahora se da un paso más para acercarse a esa normalidad que se conocía antes de la pandemia. “En algún momento esto acabará y con ello vendrá los besos y abrazos”, ultima Cabrera.

Las emociones adolescentes

En la adolescencia se está en continua evolución. Los intensos cambios físicos, biológicos o metabólicos están en ebullición. “En esta etapa es cuando se empieza a tener en consideración las relaciones sociales”, comenta Antonio Cabrera Rada. También, “con todo lo que ocurre durante esos años, la probabilidad de inseguridad crece en determinadas personas”. Esto se puede extrapolar a que “aquellos que tengan acné juvenil les cueste quitarse la mascarilla”.

En todo esto, “quizás haya un sector de adolescentes que se sienta más seguro portando este material, son más vulnerables porque arrastran alguna inestabilidad física”. La realidad de mostrar sus rostros al completo, les puede dar vértigo.

De todos modos, este profesional de la salud mental de la Junta de Gobierno del Colegio Oficial de la Psicología en Ceuta (COPCE), considera que pese a esto vaivenes emocionales, “los adolescentes se adaptarán pronto y sin duda serán los primeros que se quiten la mascarilla. Solo será cuestión de tiempo en algunos casos”.

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