El discurso ofrecido por Juan Vivas el pasado 31 de diciembre no aportó nada nuevo a la lectura de intereses a la que nos tiene acostumbrados el alcalde desde hace tiempo. Si quitamos la palabrería incluida en cualquier discurso que ofrece el mandamás sea el momento que sea, (lo de Ceuta española, amor a la Patria, amor al Ejército, ciudad de convivencia, tenemos problemas pero no somos un problema, Perla del Mediterráneo y demás) nos quedamos con el mismo mensaje que ofreció hace tan solo unas semanas con motivo de una comparecencia oficial. Y, creo no equivocarme, será lo mismo que incluya en el debate sobre el estado de la Ciudad que tendrá lugar en breve.
Para hacer un discurso así Vivas debería haber sido más directo y valiente. Ya que habla de retos, podría haber enumerado con la dureza que merece la situación real en la que nos encontramos, dejando los lenguajes políticamente correctos para otro momento. Vivas debería haber sido claro al hablar del escenario económico que se nos presenta no solo derivado por la pérdida de subvenciones estatales, sino por el bloqueo en el que lleva atrapada esta ciudad y que parece que nadie quiere ver con la gravedad debida.
Al discurso de Vivas el sobró el 80% de las alusiones, le sobró toda la palabrería que, por repetida, carece ya de sentido. Le faltó un pronunciamiento valiente de la hilera de soluciones que como alcalde de todos los ceutíes -lo hayamos votado o no- tiene en mente para una aplicación inmediata. Y de eso no sabemos nada. No sabemos qué va a hacer la Ciudad para defender no solo el salario de los trabajadores que dependen del Ayuntamiento (eso ya sabemos que les importa mucho a Vivas) sino el de los demás ciudadanos, los que integran una empresa privada que se va a pique, los que constituyen la capa de autónomos a los que les resulta muy complicado no solo llegar a final de mes sino mantener los puestos de trabajo de sus empleados y conseguir que sus pequeñas empresas no se hundan.
Eso no se lo he escuchado a Vivas. Sí, pidió la ayuda de todos los ceutíes para salir del túnel en el que estamos atrapados. Dice el alcalde que él sí ve la luz, el resto somos bastante más pesimistas y ciertamente creemos que hemos arrimado mucho el hombro para que se nos pida unión. ¿Unión para qué?, ¿acaso se ha respetado alguna vez la opinión de los ciudadanos? Es aquí la clase política la que considera qué Ceuta quiere, qué obras considera necesarias, qué gastos son los principales. Y así nos mete en una reforma de la Gran Vía mientras, por ejemplo, condena a los musulmanes que quieren despedir a sus familiares a llevar el ataúd por un camino de baches. Prioridades y unidades. Creo que la balanza está bastante desequilibrada. Vivas podría repetir el discurso, todavía le quedan los Reyes. Quizá si es valiente nos topemos con una hoja de ruta real ante lo que nos espera.
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