Opinión

La dignidad y los derechos de las personas LGTBI

Es cierto que, gracias a las reiteradas campañas publicitarias, en España se reconocen los derechos de las personas LGTBI. Es verdad que la protección legal de la orientación sexual es notable en Europa. Pero no olvidemos, por favor, que aún sufren discriminación en muchos aspectos de sus vidas. No hay derecho a que, debido a unas convicciones convencionales, a unos prejuicios culturales y a unas pautas de comportamientos tradicionales, algunas familias y algunas instituciones sigan sin reconocer la realidad, ni, mucho menos, que consientan la dolorosa situación de quienes son rechazados e, incluso, que se empeñen en hacerlos cambiar.

Todos conocemos a personas que no se atreven a mostrarse como son porque están convencidos de que no serán comprendidos por sus padres, que serán objeto de las burlas y de los desprecios de sus amigos, y que serán apartados de algunas tareas en sus trabajos. Reconozcamos que aún quedan muchos reductos en los que no son aceptados con naturalidad y acogidos con respeto. A veces, incluso, sufren trastornos psicológicos debido a los esfuerzos baldíos que se ven obligados a realizar por respirar una atmósfera asfixiante de incomprensión.

Esta constatación me obliga a aplaudir las iniciativas que tienen la finalidad reivindicativa de estimular una reflexión sobre el derecho a manifestar su propia identidad, sobre los obstáculos con los que tropiezan en la vida cotidiana y sobre la discriminación y la desigualdad que experimentan los que se sienten menospreciados. Trabajemos -queridas amigas y amigos- para favorecer la normalización, para propiciar la aceptación social, para defender el honor, para proclamar el derecho a que cada uno y cada una de los seres humanos se muestren y actúen como se sienten y como son. Hoy es una nueva oportunidad para que todos, tú y yo, declaremos nuestro reconocimiento de la dignidad de todos los seres humanos y, sobre todo, para que rompamos los crueles discursos de la incomprensión, del desprecio, de la falta de respeto, de la burla y del odio a quienes, como seres humanos, tienen la necesidad de afecto y de cariño, y el derecho de expresar sus personales maneras de pensar, sentir, desear, amar, hablar y de vivir.

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