Carta al director

Algún día volveremos a encontrarnos

Mi querido Rolo:

Hoy te escribo con el alma rota, con el corazón lleno de recuerdos y los ojos nublados por las lágrimas. No hay palabras suficientes para agradecerte todo lo que me diste en estos nueve años que caminamos juntos. Fuiste, sin duda, el mejor regalo que la vida pudo darme. Llegaste como una sorpresa, pero desde el primer momento supe que eras especial. No eras solo un perro, eras mi compañero, mi guardián, mi familia.

Nunca he conocido una lealtad como la tuya. Me cuidabas incluso cuando yo no sabía que necesitaba cuidado. Tu mirada, tus pasos detrás de los míos, tu manera silenciosa y amorosa de estar presente… todo en ti hablaba de amor verdadero. Me diste una clase magistral de fidelidad, de ternura, de presencia.

Siempre ahí. Siempre conmigo.

Cuando empezaste a enfermar en noviembre, sentí cómo algo dentro de mí se rompía. Fueron muchas visitas al veterinario, muchas esperanzas renovadas y luego perdidas. Hasta que llegó ese diagnóstico cruel.

Desde enero, ya no podías caminar bien, te costaba respirar y te vi apagarte poco a poco. Pero nunca dejaste de mirarme con amor, con la misma dulzura de siempre. Por eso, con todo el dolor del mundo, tomé la decisión más dura: dejarte ir para que no sufrieras más.

El 30 de enero se me fue mi mejor amigo, y ni siquiera pude darte el descanso digno que merecías.

En la Ciudad de Ceuta, donde las leyes de bienestar animal se aplican solo cuando conviene, la muerte de un ser querido parece importarles poco.

Me duele no haberte podido abrazar una última vez. No tener un lugar donde ir a visitarte. Me dejaste un hueco que no se llena, pero también me dejaste una vida entera de amor que nunca olvidaré.

A quienes gobiernan esta ciudad, les digo que nuestros animales no son cosas, son seres sintientes, son parte de nuestra familia y no merecen acabar así. Háganlo mejor, denles la despedida que se merecen. No lo hagan todo por dinero.

Y a ti, Rolo, gracias por cada día, por cada ladrido, por cada gesto de amor. Ojalá el cielo tenga un campo enorme para correr, una playa donde nadar, y mil premios que te esperen. Algún día, volveremos a encontrarnos. Mientras tanto, vives en mi corazón. Porque tú no fuiste un regalo cualquiera, fuiste el mejor regalo de mi vida.

Con todo mi amor.

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