Pienso que las campañas tienen un comienzo, un punto álgido y un final. Porque luego son como las olas, que llegan, inundan la playa, pero al final se evaporan y se retiran. Así más o menos nos encontramos con la campaña de acoso y derribo que se inició hace diez días contra el presidente de la Ciudad, Juan Vivas.
Vayamos por partes y acordémonos del panorama que se nos pintaba: Urbaser había cobrado doce millones y medio de euros de más, había presuntos delitos de malversación de fondos y no se cuantos más, denuncia a la Fiscalía, remisión al Juzgado convirtiéndose un trámite judicial en algo extraordinario para darle un mayor impacto social -o pretenderlo-, se hablaba de unas cantidades que hacían superar la carga financiera de la Ciudad Autónoma sobre el tope del veinticinco por ciento que marca la ley, los presupuestos de la Ciudad se iban a tener que anular, el Plan de Estabilidad y Sostenibilidad se debería reformar... y hasta peligraba el Plan de Pago a Proveedores que se había ultimado hacía diez meses. Como guinda, la mejor perla: que el Ministerio de Hacienda iba a tener que intervenir el Ayuntamiento.
Quien lea toda esta sarta de… no sé cómo calificarlo... ¿alarmas?, seguramente se llevará las manos a la cabeza y pensará, de buena ley, que estábamos ante el final del ciclo. Vamos, más o menos, como ese final de ciclo del que hablan ahora los medios porque el Barcelona ha perdido 4-0 contra el Bayern de Múnich.
Pero resulta que nada de lo que se nos describía en ese panorama tan negro que se cernía sobre la Ciudad Autónoma es verdad. Nada más que es cierto que se remitió a la Fiscalía y ésta al Juzgado. Punto y final.
Y no es que sea así porque lo haya dicho Juan Vivas o Guillermo Martínez, quienes están siendo los portavoces del Gobierno en este tema. Nada de nada. Han sido hasta cinco técnicos de la Ciudad quienes han suscrito tres informes que desmontan punto por punto todas estas cuestiones. ¿Habrá quien se atreva ahora a atacarles? Particularmente ya espero cualquier cosa.
¿Y qué nos dicen? Por un lado, que Urbaser no ha cobrado más dinero. Por tanto, vamos a ver dónde están esas responsabilidades penales tan solicitadas. Una Administración puede pagar un contrato y luego, a la hora de la liquidación, exigir la devolución del dinero de los servicios que no se hayan prestado. No hay un peso sobre la carga financiera de la Ciudad. Por tanto, no se sobrepasa el veinticinco por ciento que establece la ley, no hay presupuestos anulados, ni desde luego, intervención del Estado.
Los grandes argumentos de esta campaña contra Juan Vivas, que responde a situaciones que ya han sido explicadas por activa y por pasiva, se han desmontado. En el tema Urbaser hay, y también lo han dicho los técnicos, un artículo del contrato del año 1991 que establece que la empresa debía haber renovado la maquinaria, una vez que la Ciudad le había amortizado la anterior. Y parece que ahí se encuentra la madre del cordero.
Pues bien, a ese pequeño clavo quieren ahora agarrarse quienes atizan el fuego. Y quiero sacar a Caballas de este pequeño clavo, porque aunque coincidan ahora mismo en el fondo de solicitar responsabilidades políticas, las razones por las que las piden no son comparables con las mostradas por el partido minoritario en la oposición. Mientras que hay algunos que lo hacen por intereses absolutamente espúreos, en el caso de Caballas es por posicionamiento político, siguiendo con un modo de hacer político que le ha caracterizado y definido desde su desembarco en la Asamblea.
Pero hasta en ese punto de las posibles responsabilidades políticas también puede saltar la sorpresa. Hasta ahí puedo leer, como diría Mayra Gómez Kemp cuando presentaba el mítico ‘Un, dos, tres...’. Esperemos, todo tiene su tiempo, sus pasos y sus gestiones, al margen de la pretendida direc ción que a este tema le ha querido dar el ‘señorito’ disfrazado de defensor de la causa obrera.
La campaña contra Vivas, repito, tuvo su inicio y está clarificándose paso a paso. Quienes la idearon y la pusieron en marcha quieran seguir con otros capítulos, todo es posible en una ciudad como la nuestra... todo es posible hasta disfrazar las ambiciones personales de acción política fiscalizadora.
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