El día 24 de agosto nos dejó Angelita, y el 13 de septiembre, Nona. Ellas fueron mis compañeras en el Coro de Nuestra Señora de África. Dos buenas personas a las que les tenía un gran cariño. Eran mayores, y desgraciadamente, es ley de vida. Pero es muy duro. Y, sobre todo para sus familias. Tienes que acostumbrarte a vivir sin ellas. Y pensar que están en la Gloria. Angelita, desde muy joven dedico su vida a su hijo y su padre y hermanos, ya que su madre había fallecido. También ella se había quedado viuda. Una mujer admirable, con una gran Fe que la ayudó en esa ardua tarea. Nona dedicó su vida a su trabajo y a sus padres. Fue matrona durante muchos años. Y a ella le apasionaba su trabajo. A las dos las voy a echar de mucho de menos. Fueron muy cariñosas conmigo. Este año cuando lleguen las Navidades no podré ir a felicitarlas, estaré triste esos días. Sólo me queda darle a las familias mucho ánimo para seguir adelante. Y un fuerte abrazo.
Hay un hilo invisible que une el cielo con la tierra, el abrazo eterno, entre quienes viven y quienes descansan en la luz de Dios.
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