Permaneció durante siglos oculta hasta que alguien la descubrió y otro alguien la llevó al Museo de las Siete Esencias. Uno de los muchos objetos de valor arqueológico: por su tamaño y, sobre todo, por su antigüedad.
Un ánfora que utilizaron los fenicios allá por el siglo III ó IV antes de Cristo. Y Permaneció durante un brevísimo tiempo expuesta en el museo, hasta que un pequeño error hizo que cayera. Y se rompiera en cachos, como si un gato doméstico tirara el jarrón chino de la estantería del salón.
Un objeto que para este pueblo de comerciantes no significó, a buen seguro, nada realmente importante. Un simple objeto que se utilizaba para el transporte de salazones de pescado, un producto muy apreciado en la antigüedad, como medio de conservar la comida.
Pero el contenido se fue, y esta ánfora de la tipología ‘Maña-Pascual A4’, según la identifica el arqueólogo José Manuel Pérez Rivera, es lo que queda. Hecho pedazos, fue enviado al taller de restauración del Plan de Empleo, para utilizarlo como elemento de aprendizaje. Ahora, restauración de las sillas alfonsinas del Salón del Trono y del conjunto escultórico del Descendimiento mediante, el arreglo ha sido terminado. Según explica la restauradora Inmaculada Rodríguez, que ha dirigido el proceso, se ha trabajado para dar un aspecto parecido al original, con la diferencia de que en las partes donde faltaba material, “se ha tapado de forma que sea similar, pero se note que es diferente”.
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