No es la primera vez que escribo el obituario de un artista pop vinculado a la Movida. Decir Movida es invocar la Movida Madrileña. Y, en este caso, siendo verdad, me voy a referir a uno de los grandes iconos que generó Vigo, la ciudad gallega que, en una clave casi natural, y con personalidad propia, sin que nada ni nadie lo forzase se fusionó con Madrid. Vigo y Madrid enlazadas por el pop se unieron por afinidades obvias. Los artistas gallegos de la ciudad más moderna de Galicia tomaron Madrid con el suficiente descaro cómo para ganarse el afecto del público capitalino.
Germán Coppini, a quién dedico estas líneas, se erigió, seguro que sin quererlo, en la figura que abanderó la toma gallega de Madrid. Sin embargo, sus fuertes carisma y personalidad le convirtieron en el conquistador de la capital. Una consideración tan importante para los eruditos como anecdótica para el resto.
Cuando las emisoras de la Movida, Onda-2 (F.M. de Radio España) y Radio 3 (la estación pop de RNE) empezaron a programar Ayatolah no me toques la Pirola de Siniestro Total, Madrid sucumbió al punk descarado de los vigueses. Los hubo quienes aseguraban conocer a esta sorprendente banda –listillos de turno– como natural de Madrid, muy poco tiempo bastó reconocer que la Ola madrileña había traspasado fronteras y que ese hit no se manufacturó en el Foro. A ellos se les debe el reconocimiento de que fuera o lejos de Madrid pero, eso sí, a su albur, estaban pasando cosas. Y claro, Siniestro Total se vieron agradecidamente forzados a desplazarse desde Vigo a la capital. Germán Coppini lideraba el grupo. Julián Hernandez su fiel escudero. Germán, inexplicable punk-rocker, por su lánguida a la par que insólita personalidad, rompió con todo. Tremendo punk-rocker con acento gallego que se dedicó a proclamar, radio por radio, que Vigo existía y que, reconociendo el liderazgo de Madrid, ellos estaban ahí. La capital recibió con absoluta entrega y generosidad a los Siniestro. Tanto es así que ofrecieron un histórico concierto en el Rock-Ola difícil de narrar. Pero lo intento porque yo estuve allí. Antonio Pérez Beneyto, Tato El Tosco y yo nos desplazamos pronto hasta la sala de conciertos de moda en aquél Madrid y ya intuímos que lo que se avecinaba se presumía histórico como terminaría por ser...
Nada más abrirse las puertas, la avalancha nos arrastró casi a los pies del escenario. El agobio era tan grande como peligroso. Allí, ahora estoy convencido de que entró mucha más gente de la que cabía. Alguien debió dar una señal de alarma porque el concierto empezó de inmediato. Hubo un latente riesgo de aplastamiento. Ahora pienso que solo nuestra juventud pudo soportar aquello. Pero, es más, Coppini rogó al público que le escupiera. Dicho y hecho. Recuerdo perfectamente cómo el foco central del escenario, aún clavado en mi mente, iluminó aquél arroyo de escupitajos que yo esquivé izquierda cderecha, derecha izquierda.
Imaginaos de lo incómodo y casi escatológico de aquello. Pero fue inolvidable. Fue la confirmación de que Siniestro Total devoró Madrid. Y no solo salimos vivos y sanos sino que nos quedó el regusto de repetir.
Hubo más conciertos de Siniestro como banda incorporada a la troupe de la Movida Madrileña. Siempre llenos, siempre grandes acontecimientos hasta que Germán se va.
Golpes Bajos le consagra
Golpes Bajos se consagra como una banda de referencia. Consigue el reconocimiento y éxito popular. Malos tiempos…, Colecciono moscas, No mires a los ojos de… están en el imaginario musical español. Pero el éxito le aburre tanto como el fracaso.
Después, Coppini iniciaría una carrera en solitario sin éxito, iniciada con una colaboración con Nacho Cano (Mecano) en un maxisingle que el periodista musical –y escritor del libro Vigo a 80 r.p.m.– Emilio Alonso recuerda como “una decepción para todos. Se empezó a mezclar con malas compañías musicales porque no fue acertando con los músicos para plasmar el espíritu que su lírica merecía. Ninguno de sus discos tuvo éxito; pero con el proyecto Lemuripop estaba bastante ilusionado”.
Alonso, que mantenía una relación cordial con él, se mostró “muy dolorido” por su fallecimiento. “Que abandonase Germán Siniestro fue un shock, pero para él esa banda fue un divertimento. Él se sentía un marginado, un incomprendido. Encontrar a Teo Cardalda fue un milagro para él y para la música española. Sus letras eran excepcionales y los arreglos del resto del grupo convirtieron a la banda en una de las grandes del pop nacional”, señala.
Tras conocerse su muerte, son muchas las personas del mundo de la literatura, la música o el cine que han colgado en las redes sociales sus condolencias.
Capítulo final
Lo que el destino quiso es que Coppini acabase en Málaga generando un proyecto junto a un enorme músico caballa afincado en la Costa del Sol. Sergio Muela (ex Culto al Silencio) es el productor y guitarrista de Néctar, el proyecto póstumo de Germán. Él nunca podrá interpretarlo en directo. El disco, ya está en las redes sociales (Youtube) pero nuestro paisano Sergio anda aturdido, golpeado por la muerte de Germán Coppini… el Alien Divino.
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