Categorías: Opinión

Dar

Diste en la penuria y ahora amagas tu mano triste?”. Vengo de participar en ambas jornadas sobre la enfermedad mental y el estigma que, desgraciadamente, la precede.

Allí, he esbozado un discurso positivista, aún en formación; del que espero mucho más. Son los primeros pasos explicando mi experiencia positiva, pero, ya rebobinando mis intervenciones, he dado con la que creo será mi idea primordial. Esta: “Todo el mundo tiene algo que aportar a la sociedad”.
Considero que este considerando no está sujeto a consideración. Alfa y omega de una sociedad en plenitud. Solo desde este balance puede entenderse la normalización de la enfermedad mental. El mismo derecho a la humildad tiene José lijando cajas, que Mariano en la conserjería, que un divo de la televisión. Todos somos lo mismo, pues todos somos iguales en ilusión.
El estigma y la oscuridad nos dicen que las personas con enfermedad mental somos poco aconsejables; a lo que yo propondría que la gente se acercase a conocernos y comprobar así la gran cercanía, humanidad, y sencillez de nuestro colectivo. Para que el fruto de la inclusión no se haga esperar es necesario plantar la semilla de la tolerancia.
Repito: solo revolucionando la gráfica de la generosidad, el pueblo que formamos los afectados por la enfermedad mental podría vencer sus limitaciones, y una suerte de haz de luz alumbraría un camino hasta ahora inadvertido.
Hipótesis de trabajo: ¿son generosidad los mil millones de euros que la comunidad internacional ha destinado para frenar el apocalipsis del ébola? No es misterio menor. La generosidad se me antoja, al fin de su entendimiento, como la piedra clave en el edificio de la coexistencia. Todo atisbo de futuro ha de calibrarse en función de la capacidad del hombre para dar. Todo otro lenguaje me es ajeno.
No se trata de hacer grandes artificios, tan solo avivar los rescoldos de la solidaridad; entender que el mañana afecta a todos por igual, y si es que eres poderoso, concluir que no se puede vivir de espaldas al mundo (sería un grave error).
El mundo es un sitio pequeño, apenas un espacio simbólico en el infinito universo. Así que respetad los límites de la naturaleza. Alguien borró mis pasos de la arena donde acaban las olas, y ahora debo encontrar mi pasado. Ya no recuerdo el día en que detuve mi pensamiento para la observancia de  las letras. Generosa acción avivar las conciencias.
Se cuentan por millones las estrellas dispuestas a entregar su luz en el conjunto de la generosidad. Los hombres del desierto saben de ello.

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