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El coronel que espera con un gallo en pantalla

El Teatro del Revellín acogió esta tarde la adaptación teatral de ‘El coronel no tiene quien le escriba’, escrita por García Márquez, que protagonizaron Imanol Arias y Ana Villa ante un público caballa que quedó ensimismado desde el principio de la obra

Las miserias de un anciano y su esposa, encarnados por Imanol Arias y Ana Villa, condenados a una espera eterna irrumpieron en el Auditorio del Revellín de Ceuta en la tarde de este sábado. El teatro acogió la adaptación del clásico de Gabriel García Márquez ‘El coronel no tiene quien le escriba’, dirigida por el conocido cineasta Carlos Saura. La tos y los gestos del malestar de los protagonistas, asediados por los achaques de la edad y la pobreza, cautivaron la atención del público desde el principio. Algunos se identificaron tanto que no pudieron reprimir una exclamación cuando Arias desplegó un paraguas maltrecho a los pocos minutos. “Ya solo sirve para ver las estrellas”, pronunció con pretendida jovialidad el intérprete.

Antes de abrir el telón, el sonido de un gallo avisó a los asistentes de cuál iba a ser el leitmotiv de la obra. Porque el coronel y su mujer depositan en ese animal sus esperanzas para ingresar algo de dinero. “Una ilusión muy cara”, vaticinó la señora. El matrimonio espera cada día, mientras les consume el hambre, las humedades de la casa y el dolor por la muerte del hijo, la carta que les anuncia que van a cobrar la pensión.

Con la señal de que la pieza teatral iba a empezar, se destapó ante el público una escenografía sobria, como lo es la vida de los protagonistas. Un espejo, una mesa, un mueble con un pequeño televisor en el que se paseaba un gallo virtual. Y un Imanol Arias quejumbroso por el malestar físico se desperezó de la mecedora antes de dar algo de comer a su esposa de la ficción, acostada en la cama. Todo entonado con la ranchera Que te vaya bonito.

“Nos estamos pudriendo vivos”, masculló la coronela. Ante un fondo austero, con un estilo infantil, dibujado y pintado por el propio Carlos Saura. Enseguida subieron a escena el resto del reparto: David Pinilla, Juan Calvo y Marta Molina. Fueron interaccionando con los personajes protagonistas, que a su vez enfrentaron sus distintos puntos de vista sobre la muerte —que les deja “como barcos a la deriva”, que son “carne de naufragio”—, y sobre la misiva maldita que nunca llega con el correo. “Y dejaban entrever un contexto convulso, con un estado de sitio y la censura a la orden del día”.

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