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El mundo gira más lento cuando lo hace alrededor de la palma de una mano. José Ortega (Tetuán, 1960) es sordo y ciego. Para recibir información del exterior, José usa principalmente sus manos: los dedos para leer en Braille y la palma, que utiliza como pizarrín. A Juan se le habla escribiéndole las palabras en la mano. Una a una. Letra a letra. Pacientemente.
Como cada domingo al mediodía, José toma una cerveza con su hermana Gloria en las Murallas. La diferencia con respecto al resto de domingos es que en esta ocasión acaba de ejercer su derecho al voto, derecho que, al contrario que para el resto de españoles, está demediado. Así lo han denunciado varias asociaciones de ciegos de España, que lamentan que los invidentes no hayan dispuesto, como ocurrió en las generales de 2008, del sistema que les posibilite el "voto autónomo, libre y secreto".
Además de su hermana Gloria, Silvia Gil, de la Asociación de Padres de Ciegos y Sordos de Ceuta) Aspacide, opera de lazarillo de José. Como en cada proceso electoral, Silvia se introduce en la cabina del colegio de Sanidad para ayudar a José. Mesa 2. Sección 5. José porta desde casa los tres sobres con sus tres respectivas papeletas. Para identificarlas, su hermana ha introducido en el interior de los sobres un objeto identificativo: "un clip, una medalla y otro objeto que no he alcanzado a ver", revela Silvia. El voto de José no es secreto.
La obsesión de José consiste en estar informado. Principalmente se nutre de una revista que recibe periódicamente de la ONCE: cultura, historia, salud, viajes, deportes... Una inquietud enciclopédica. “La información enriquece”, afirma José, que revela que él solo puede leer seis páginas a la hora con el sistema Braille. “Conozco a gente que tiene un ritmo de 60 páginas”. Como cualquier apasionado de la información, José ha caído en los hilos de la Red, pero su ritmo continúa girando en torno a la palma de su mano. “Si algo me gusta de Internet es que nadie me filtra lo que me apetece leer”, explica, aún sabiendo las consecuencias de haberse topado con la biblioteca más gigante de la historia.
Cada domingo, José se toma una cerveza después de ir a misa. Ayer reflexionaba sobre la jornada electoral. “Me sienta bien acudir a la iglesia. Quienes no vemos u oímos podemos sentir mejor a Dios”. Escribió una vez Borges que Demócrito de Abdera se arrancó los ojos para poder pensar. Sin las distracciones sensoriales de la vista y el oído, José dispone de tiempo para meditar mientras el mundo pasa por su mano. Y ayer, dice, José reflexionó su voto.
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