Para vivir, todos los seres vivos -las plantas, los animales y las personas- necesitamos convivir porque la supervivencia no es posible sin la colaboración. Los seres humanos sabemos que ninguno de nosotros es autosuficiente porque todos somos frágiles, débiles, vulnerables y, por lo tanto, interdependientes como personas, como familias, como empresas, como pueblos y como naciones. Y, además, todos hemos comprobado que el aislamiento nos debilita y puede ser mortal, y que la convivencia y la colaboración son indispensables para la supervivencia individual y colectiva: son uno medios y unos fines en sí mismos. Esta es una de las razones por las que nos asociamos en diferentes “comunidades” según nuestros intereses, nuestras ideas o nuestras aficiones.
El valor y la utilidad de este libro, que trata sobre las maneras de adherirnos a los grupos políticos y, más concretamente, sobre nuestros modos de votar radican en la concreción de sus orientaciones para resolver los problemas colectivos, en la profundidad de sus análisis psicológicos y sociológicos, y en la claridad de sus explicaciones concretas y prácticas.
El politólogo Lluis Orriols, profesor y vicedecano de la Facultad de Ciencias Políticas en la Universidad Carlos III de Madrid, con sus ideas, con sus preguntas y con sus respuestas nos orienta y nos estimula para que reflexionemos y autocritiquemos nuestras maneras de integrarnos o de votar a los partidos. ¿Lo hacemos -nos pregunta- por lealtad o por conveniencia? Él parte del supuesto de que la identidad partidista –con sus males y con sus virtudes- posee un papel importante en el funcionamiento de la democracia. Explica cómo nuestro voto es un mecanismo de control a los gobernantes, es una manera de expresar nuestra confianza o nuestra desconfianza, es una forma de seleccionar a los que ofrecen soluciones adecuadas y de rechazar a los que no cumplen sus promesas.
Su pregunta inicial es el punto de partida para los análisis de nuestras opciones como votantes: ¿debemos votar a los partidos con cuyas ideologías estamos identificados o a los que responden a nuestros intereses? Tras reconocer que quienes se identifican con los gobernantes tienden a ser más indulgentes y buscan excusas para no reconocer sus errores ni que “las cosas van mal”, también nos explica la conveniencia y la necesidad de establecer unos vínculos emocionales para configurar nuestra identidad social. Este conjunto de análisis, de reflexiones, de criterios y de pautas orientadoras, en mi opinión, es un punto de partida válido para guiar nuestra participación en la política y, también, para valorar nuestras colaboraciones en los diversos grupos sociales y culturales. A mi juicio, puede ayudar a los políticos, a los profesores, a los educadores y a los críticos para orientar la reflexión y el manejo adecuado de los resortes emocionales, y para generar hábitos de convivencia, de diálogo y colaboración.
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