Hay algo que resulta difícil de comprender y todavía más difícil de justificar: que en pleno siglo XXI, en una ciudad española como Ceuta, quienes se levantan cada madrugada para trabajar, mantener sus negocios y ganarse la vida honradamente tengan que enfrentarse a tantas dificultades simplemente para recibir la mercancía que necesitan.
La situación que atraviesan las pescaderías de nuestra ciudad merece una reflexión seria, pero sobre todo exige actuaciones concretas. Porque detrás de cada mostrador hay personas, familias, inversiones y muchas horas de sacrificio que no pueden quedar a merced de decisiones administrativas y problemas logísticos que escapan completamente a su control.
Quienes conocemos el comercio de Ceuta sabemos perfectamente que mantener un negocio abierto no es precisamente fácil. A los gastos habituales, la competencia y las dificultades propias de nuestra situación geográfica se suman ahora unos obstáculos en el abastecimiento que están poniendo contra las cuerdas a profesionales que lo único que quieren es trabajar.
Y aquí es donde debemos hacernos una pregunta: ¿hasta cuándo vamos a seguir normalizando que vivir y trabajar en Ceuta implique soportar dificultades que en cualquier otra ciudad española resultarían inaceptables?
No estamos hablando de grandes empresarios ni de multinacionales con capacidad para absorber pérdidas. Hablamos, en muchos casos, de pequeños comerciantes que arriesgan su propio dinero, que dependen de vender diariamente sus productos y que no pueden permitirse el lujo de perder una jornada de trabajo porque la mercancía no haya llegado a tiempo.
"Quienes conocemos el comercio de Ceuta sabemos perfectamente que mantener un negocio abierto no es precisamente fácil"
El pescado es un producto perecedero. No entiende de trámites administrativos, de cambios de procedimientos ni de retrasos en el transporte. Cada hora cuenta, y cuando el género no llega en las condiciones y los plazos necesarios, las consecuencias económicas las termina soportando el comerciante.
Pero hay algo que tampoco debemos olvidar: el problema no termina en las pescaderías. Lo acabamos pagando todos los ceutíes.
Lo paga el consumidor cuando encuentra menos productos disponibles. Lo paga el pequeño comercio cuando pierde competitividad. Lo pagan los trabajadores cuando peligra la estabilidad de sus puestos de trabajo. Y lo paga una ciudad que necesita precisamente lo contrario: más actividad económica, más oportunidades y menos obstáculos para quienes generan empleo y riqueza.
Ceuta tiene unas particularidades que nadie puede ignorar, pero esas particularidades no pueden convertirse en una excusa permanente para justificar cualquier problema. Nuestra situación geográfica debería obligar a las administraciones a ofrecer soluciones específicas, no a permitir que las dificultades se acumulen año tras año.
No se puede hablar continuamente de apoyar al comercio local mientras quienes mantienen abiertos sus establecimientos tienen que luchar diariamente contra una burocracia que les dificulta trabajar.
"Porque cumplir la normativa y facilitar la actividad económica no son objetivos incompatibles"
Es necesario que las administraciones competentes, las autoridades responsables de los controles, los operadores de transporte y los representantes del sector se sienten a buscar soluciones reales. Hay que revisar los procedimientos, mejorar la coordinación y garantizar que el abastecimiento de productos perecederos se realice con la agilidad que requiere.
Y todo ello, por supuesto, sin renunciar a los controles sanitarios, de seguridad y legales que correspondan. Porque cumplir la normativa y facilitar la actividad económica no son objetivos incompatibles.
Tampoco podemos esperar a que lleguen las campañas comerciales más importantes para descubrir que seguimos teniendo los mismos problemas. La previsión y la planificación también forman parte de las responsabilidades de quienes gestionan los servicios públicos.
Creo sinceramente que debemos empezar a valorar mucho más a quienes cada mañana levantan la persiana de sus negocios. Es muy fácil hablar de la importancia del comercio de proximidad, pero defenderlo de verdad significa actuar cuando atraviesa dificultades.
Los pescaderos de Ceuta no están reclamando ningún trato de favor. Reclaman poder desarrollar su actividad con normalidad, sin que su esfuerzo y su dinero dependan constantemente de circunstancias ajenas a ellos.
"Y ganarse la vida honradamente nunca debería convertirse en una lucha diaria contra la propia Administración"
Y esa reivindicación merece ser escuchada, con independencia de las ideas políticas de cada uno. Porque aquí no se trata de buscar culpables por interés partidista, sino de exigir responsabilidades y encontrar soluciones.
Ceuta no puede aspirar a crecer económicamente si no somos capaces de garantizar unas condiciones razonables a quienes ya trabajan, invierten y mantienen sus negocios en nuestra ciudad.
Defender a nuestros pescaderos es defender también a los trabajadores, a las familias, al consumidor y al conjunto del comercio ceutí.
Y creo que ya va siendo hora de que quienes tienen capacidad para resolver estos problemas pasen de las palabras a los hechos.
Porque trabajar en Ceuta no debería ser una carrera de obstáculos. Y ganarse la vida honradamente nunca debería convertirse en una lucha diaria contra la propia Administración.
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Esto es cosa del delegado del gobierno.
¡¡QUE MUEVA LOS COJON...DE UNA VEZ¡¡
Que para eso cobra.