Haciendo memoria, la frontera de Ceuta era un medio de vida de marroquíes y un próspero negocio para aquellos empresarios ceutíes que generalmente disponían de establecimientos en el ahora en crisis Polígono de El Tarajal.
Cada día, cruzaban la frontera hacia Ceuta con permisividad marroquí oleadas de porteadores, porteadoras y trabajadores, casi 30.000, que después de cargar todo tipo de artículos, regresaban a su país que consideraba este “comercio atípico” que, aparte de los beneficios para esos trabajadores, suministraba de mercancías a cientos de tiendas en territorio marroquí.
Este mencionado “comercio atípico” no era contrabando de parte española porque se compraba en comercios legales, se pagaba el impuesto correspondiente IPSI y se exportaba desde un territorio franco. El posible contrabando se producía al cruzar la frontera marroquí pero, al no existir Aduana Comercial y vivir de este tráfico miles de ciudadanos en paro, significaba una ventaja para el vecino del sur.
Aunque parezca mentira, fue un Delegado del gobierno español y del PP el que suspendió desde Ceuta este tráfico, compensó al Ayuntamiento por sus pérdidas de IPSI para que no protestara y cerró el paso de Benzú que significaba un alivio para el Tarajal. Este panorama generó múltiples protestas en nuestra ciudad e incluso presenté un informe sobre las restricciones impuestas por España a las exportaciones no reguladas a Marruecos, describiendo la insoportable situación.
Repuesto más adelante el tráfico fronterizo de porteadores, fue Marruecos el que aplicando una nueva estrategia, prohibió este comercio a lo que tenía perfecto derecho por tratarse de contrabando desde su punto de vista. Miles de marroquíes se quedaron sin trabajo, muchos retornaron al sur de donde venían y las negativas consecuencias se intentaron paliar con centros comerciales entre Fnideq y Medik, nuevas carreteras, autopistas, zonas francas, modernizando el aeropuerto de Tetuán y haciendo de Tangermed el primer puerto del Estrecho de Gibraltar. El siguiente paso fue la puesta en marcha de una Aduana Comercial de parte marroquí y aceptada por España que teóricamente legalizaría las exportaciones hacia Marruecos e igualmente hacia Ceuta, con lo que este tráfico legal y continuo desarrollaría ambos territorios.
España fue engañada como siempre y hoy día la Aduana Comercial solo sirve para traer algunas importaciones desde Marruecos y prácticamente ninguna exportación con destino a ese país. Sin norma importadora, sin régimen de viajeros y sin colaboración alguna, esta Aduana realmente no existe en la práctica por mucho que lo nieguen algunos miembros del Gobierno de España para no reconocer su inoperancia en el terreno internacional.
Con este panorama y sin pertenecer a la Unión Aduanera, con tres controles de policía o guardia civil para acceder al resto de España y como queda dicho sin aduana en la frontera con Marruecos, Ceuta aislada, olvidada, sin rumbo y en peligro, subsiste como puede al no poder enviar mercancías a la Península, recibirlas con excesivos controles, agobiada por la inmigración ilegal y todo ello enseñando el DNI a cada paso, como si los residentes en la ciudad española fuéramos extranjeros no comunitarios.
Como una de las conclusiones posibles, el gobierno español debe proponer por último a Marruecos, un funcionamiento de la Aduana con unas normas propias y escritas similares a las que existen entra Algeciras y Tánger o, si se pretende seguir con el inútil sistema actual, dejar la Aduana Comercial con su pomposo nombre en stand by o espera hasta que vengan tiempos mejores.






