El pasado jueves fue un día especialmente feliz para nosotros. Nuestra Asociación impartió un taller en cuatro cursos del colegio de nuestra nieta, Elaia, en Málaga. Les enseñamos a los niños y niñas cómo se elaboran las galletas de mantequilla ecológicas. Habíamos preparado las masas en Granada, las transportamos hasta Mijas y, ya en el colegio, entre risas, manos pequeñas llenas de harina y una ilusión contagiosa, disfrutamos de una mañana luminosa. Mientras vivíamos esa alegría sencilla y profunda, en otras partes del mundo ocurría algo muy distinto.
Líbano: un día de tragedia para la infancia. El 9 de abril de 2026 fue uno de los días más duros para los niños libaneses. Treinta y tres menores murieron y otros 153 resultaron heridos en ataques aéreos. UNICEF calificó el impacto como “inhumano y devastador”. Muchos niños quedaron bajo los escombros, desaparecidos o separados de sus familias. Desde marzo, más de 600 habían muerto o sufrido heridas. Cerca de 390.000 vivían desplazados, en refugios improvisados. El país declaró día de luto nacional. Para ellos, la jornada fue miedo, pérdida, silencio y trauma. Para nosotros, risas y galletas.
Gaza: infancia en riesgo permanente. Aunque no existen datos específicos de ese mismo día, la realidad de los niños en Gaza seguía marcada por la violencia cotidiana: bombardeos frecuentes, escasez de alimentos, agua y medicinas, hospitales saturados, escuelas destruidas o cerradas, desplazamientos constantes y niveles de estrés tóxico que dejan huellas profundas. Allí, la infancia se vive como supervivencia. Aquí, como juego.
Irán: tensión política sin afectación directa a la infancia. Ese jueves, Irán atravesaba tensiones diplomáticas con Estados Unidos, amenazas militares y anuncios de alto el fuego parcial. No se registraron afectaciones directas a niños, pero el clima de incertidumbre forma parte del entorno en el que crecen.
Ucrania: la infancia marcada por años de guerra. Aunque el 9 de abril no destaca por un ataque concreto contra menores, la guerra seguía afectando profundamente a la infancia ucraniana. Más de cuatro millones de niños necesitaban ayuda humanitaria. Miles vivían cerca de líneas de frente, expuestos a bombardeos.
Muchas escuelas estaban destruidas o funcionaban en refugios subterráneos. Las familias seguían desplazándose dentro y fuera del país. El trauma psicológico, la ansiedad y la pérdida de seres queridos eran parte de su día a día. En abril de 2026, la vida de un niño ucraniano seguía marcada por sirenas, refugios y un futuro incierto.
La pregunta que nos acompañó todo el día. Mientras amasábamos, horneábamos y compartíamos la alegría de los más pequeños, un pensamiento persistente rondaba nuestras cabezas: ¿Cómo es posible que, al mismo tiempo, miles de niños vivan miedo, violencia y desprotección en tantos rincones del mundo?
¿Por qué es importante hablar de esto? Para visibilizar el impacto de los conflictos en la infancia. Para promover la empatía y la educación en derechos humanos. Para impulsar acciones de protección, ayuda humanitaria y paz. Para recordar que los niños nunca deben ser parte de la guerra.
Que la cordura impere. Que la cordura impere en toda la humanidad y no permita que el futuro de nuestros niños, los de aquí y los de allí, sea un futuro de guerra y destrucción. Que la risa de un aula en Málaga no sea un privilegio, sino un derecho universal.
El sistema de Seguridad Social en España refuerza sus incentivos para quienes optan por seguir…
Cada año, al finalizar la campaña de la fresa de Huelva, numerosas trabajadoras temporeras de…
Los Regulares de Ceuta ya se encuentran en Vigo ultimando los preparativos para su participación…
Cáritas Diocesana de Ceuta celebrará el próximo 1 de junio, a las 18:00 horas, en…
Ceuta ha vuelto a estar bien representada en los tatamis de fuera de la ciudad…
El Gobierno de Ceuta ha iniciado el proceso de licitación para la redacción del proyecto…