Carta al director

Carta de reconocimiento para los docentes del 'Santa María Micaela'

Me llamo Ridwan Amar y ayer me gradué. Sé que para mucha gente una graduación es algo normal, pero para mí este momento lo es todo. Llevo desde Infantil en el Colegio Santa María Micaela y, ahora que este camino llega a su fin, siento que necesito decir en voz alta, y con el corazón en la mano, lo agradecido que estoy.

No voy a mentir: no ha sido fácil. Tengo necesidades especiales y eso ha hecho que muchas cosas me costaran el doble que a los demás. Ha habido momentos en los que me he sentido perdido, momentos en los que dudaba de si sería capaz. Pero hay algo que siempre tuve claro: nunca estuve solo.

En Primaria, Cristina Huerta fue de esas personas que te reciben cada mañana con una sonrisa y, sin que te des cuenta, te cambian el día. María Jesús tenía una bondad especial que se notaba en cada gesto, y esos viernes con ella se convirtieron en algo que esperar con ganas. Gema siempre estuvo pendiente de mí, cerca, sin hacer ruido pero ahí, haciéndome sentir que importaba. Y José consiguió algo que yo creía imposible: que la Educación Física fuera verdaderamente divertida. Entre todos ellos sembraron en mí algo muy importante: la convicción de que yo podía.

Luego llegó la ESO, y con ella los momentos más duros de mi vida en el colegio. Hubo días en los que no quería ni levantarme, días en los que las fuerzas no acompañaban. Pero el equipo de secundaria nunca me dejó caer. Mariví me dio una seguridad que yo solo no habría encontrado. Con Eli, las matemáticas dejaron de ser un monstruo. Jana consiguió que la sintaxis tuviera sentido para mí. Diego fue de esas personas que te dicen cosas que te quedan grabadas para siempre. Y Cristina Sampedro estuvo ahí en el momento más difícil, con una generosidad y un cariño que no me esperaba y que jamás olvidaré.

Y después está África. Mi profesora de apoyo. Afri es de esas personas que aparecen en tu vida y la cambian sin que casi te enteres. Conmigo tuvo una paciencia infinita, una empatía que se notaba de verdad y una manera de mirarme que me hacía sentir capaz incluso cuando yo no me lo creía. Nunca me trató con lástima, sino siempre con respeto y con una confianza en mí que me dio fuerzas para seguir. Gracias a ella entendí que mis necesidades no son un freno, sino simplemente mi manera de llegar al mismo sitio que los demás. Eso, Afri, no sé cómo devolverte. Gracias de todo corazón.

Y al Colegio Santa María Micaela... gracias. Gracias por haber sido mi segundo hogar durante todos estos años. Por los buenos momentos y también por los difíciles, porque en todos ellos sentí que importaba, que era parte de algo.

Este título tiene mi nombre, pero lleva dentro un poco de cada uno de vosotros. Porque sin vosotros, hoy no estaría aquí.

Gracias, de verdad.

Ridwan Amar

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