Hoy, en la Comandancia de la Guardia Civil de Ceuta, se ha colocado una placa conmemorativa que honra la memoria de un hombre excepcional. Pero para mí y mi familia, el capitán Bejarano no fue solo un compañero de uniforme, fue un faro en medio de la oscuridad.
Hace años, sufrimos una agresión fuera de servicio, una situación dolorosa y difícil que nos dejó marcados. En esos días duros, el capitán Bejarano se convirtió en nuestro sostén. Con una humanidad que desbordaba su rango, nos ofreció apoyo, consuelo y una presencia que nunca olvidaremos. No lo hizo por protocolo, lo hizo porque así era él: generoso, cercano, profundamente humano.
Su legado no se mide solo en méritos profesionales, sino en gestos como ese. En su capacidad de estar cuando más se le necesitaba. En su forma de enseñar con el ejemplo, de liderar con el corazón.
Hoy, esa placa no solo recuerda a un capitán. Recuerda a un hombre que supo ser compañero, amigo y familia. Y mientras vivamos quienes lo conocimos, su memoria seguirá viva.
Gracias, Capitán Bejarano. Por todo.
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