Opinión

El capitán Bejarano

Escuchar el nombre de Pepe Bejarano, ayer, durante el desarrollo del acto de toma de posesión de Gabriel Domínguez como coronel de la Guardia Civil, nos emocionó a quienes le conocíamos. A quienes le admiramos y apreciamos. Algo que no era nada difícil. El capitán Bejarano ha sido y sigue siendo alguien muy especial en la memoria de quienes compartimos algún momento de nuestras vidas con él. Que por fin alguien se haya acordado y lo haya citado expresamente con cariño es digno de ser remarcado (da qué pensar cómo hasta el momento no se había producido tal gesto). Bejarano y la Guardia Civil eran uno, de hecho la historia de la Benemérita en Ceuta no puede entenderse sin un recuerdo a un hombre cuya sombra sigue siendo permanente en esa casa cuartel. Somos muchos los que no le olvidamos porque somos muchos los que supimos reconocer la valía y capacidad de este hombre.

Información y Policía Judicial tuvieron un gran referente en el desarrollo de operaciones que han pasado a la historia. Como cuando, con muy pocos medios, Bejarano y su equipo de PJ pudieron dar con los asesinos que habían causado el naufragio de San Amaro de 1998, el primer gran naufragio de marroquíes que se produjo en Ceuta. No había pistas, ni un hilo del que tirar más allá de cuatro números escritos en un papel mojado. Pero se consiguió dar con los implicados. Hubo un juicio y una condena. Y aquella condena fue el resultado del empecinamiento de una persona y su gente por no dejar que esa historia muriera igual que las víctimas de esos traficantes de personas.

El capitán Bejarano te resolvía a pie de frontera lo que podía llegar a convertirse en un conflicto diplomático a gran escala. No era de los jefes que se quedaban en la cama mientras sus hombres se partían la cara. Muy al contrario. Aún lo recuerdo en el puerto deportivo, a las cuatro de la madrugada, viendo la manera de asimilar la llegada de una patrullera del Servicio Marítimo llena de inmigrantes subsaharianos que ni cabían en la embarcación. El que debía estar allí andaba perdido por el Poblado, quien permanecía a pie de puerto cuando los protocolos no eran los de ahora ni las situaciones las mismas, era Bejarano.

El estar en la memoria de tantos, el no olvidarlo, da buena muestra de lo que fue. Hoy, años después de su marcha, somos muchos los que nos acordamos del capitán. Por algo será. Lo hacemos hoy y lo seguiremos haciendo.

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