Las callejuelas escarpadas entre las que se ubica la mezquita de Masyid Uhud, en la barriada de Hadú, aparecen desiertas poco después del mediodía. El sol no consigue colarse hasta dentro de las casas donde, debajo de las persianas bajadas, se intuyen voces de mujer y el sonido metálico de la cacharrería. Se acerca la hora de la comida y huele a especias. La tranquilidad que solo rompe el correr del viento queda en segundo lugar cuando se escucha encenderse un micrófono del que sale un canto: “Allahu akhbar, allahu akhbar…”.
Dentro de la mezquita, en un cuarto anexo a la sala de rezo un imam con la capucha de su chilaba puesta, recita. Lo hace con su mano derecha envolviendo el micrófono instalado en una de las paredes de esta sala donde predomina el blanco. Llama a la oración descalzo, sobre una moqueta granate. Es un imam, pero durante estos 3 minutos de canto, es también un almuédano. Lleva a cabo el adhan. La llamada que resuena en toda Ceuta cinco veces al día.
Hoy día siguen existiendo almuédanos, aunque como explica Ahmed Kerkich, “los imames también podemos hacer la función de los (también llamados) muecines”. Es el caso de esta pequeña mezquita situada en la calle Virgen de la Luz.
Sigue una tradición familiar que ya abarca hasta a tres generaciones: “Vengo de Tetuán. Mi padre, mi abuelo y mi bisabuelo eran imames. También mi tío. Mi hermano también recita”, cuenta en su despacho tras finalizar el rezo de la tarde.
El mensaje, que el imam apunta “no habla de cosas banales, si no de la grandeza de Dios”, tiene como objetivo que los musulmanes diferencien entre el bien y el mal, y que los diferencien con claridad en base al Corán.
Hamido Mohamed, delegado en Ceuta de la Comisión Islámica de España, destaca las cualidades que se precisan en un almuédano: “Tiene que ser una voz grave, potente. Una persona que sepa hacer el canto del adhan bien, porque tiene una repercusión en las mentes de la gente”, mantiene Mohamed. La voz es el elemento fundamental y única herramienta de los religiosos que se dedican a convocar a los fieles. De ella depende, prosigue Mohamed, que la gente se “sienta sensible” ante esta llamada.
De los 37 años que tiene Kerkich, 17 los ha dedicado por completo como imam. Casi media vida. Un camino que escogen “muy pocos” en Ceuta, reconoce.
Es diciembre y se acerca el momento del adhan para el rezo de mediodía. Ahmed pide a Abderrahaman que recite. Pocos minutos después, comienza a escucharse la llamada.
Hasta los años 70, era fácil encontrar en nuestra ciudad religiosos que emprendiesen el camino hacia el minarete para llamar a viva voz. Mohamed explica que el cambio fundamental llegó a partir de los años 80. El micrófono se incorporó a algunas mezquitas de manera que la megafonía instalada en lo alto del minarete pudo sustituir el camino del almuédano hasta lo alto del templo.
¿Sigue habiendo situaciones en las que se recurra al método tradicional? “Ese caso solo se da en zonas donde la llamada afecta a otras comunidades. Gente que se queja de la llamada de la madrugada, por ejemplo, o el volumen del altavoz”, cuenta Mohamed. Solo se recurriría al adhan a viva voz si el sistema de megafonía fallase.
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