Hay una diferencia importante entre ejercer el derecho a la crítica y emprender una campaña de descrédito personal contra alguien. La primera forma parte de la política. La segunda es impropia, máxime, si quien la protagoniza es un diputado del mismo partido que la persona a la que pretende destruir.
Eso es, en mi opinión, lo que está ocurriendo con Miguel Ángel Pérez Triano.
Melchor León no se ha limitado a discrepar de su gestión como delegado del Gobierno. Durante semanas ha utilizado medios de comunicación y redes sociales para cuestionarle personalmente, insultarle, desacreditarle y promover una movilización contra él. Ha alimentado un discurso en el que Pérez Triano aparece como encubridor, traidor y responsable directo de todo lo concerniente al ataque contra nuestra ciudad y ha exigido reiteradamente su dimisión.
No hablamos de una crítica política ni de una discrepancia dentro del PSOE. Hablamos de una campaña pública de hostigamiento contra el secretario general de su propio partido en Ceuta.
Y esto es hoy, incluso más grave si es posible, tras las declaraciones del propio presidente de la Ciudad, Juan Vivas, en una entrevista a nivel nacional en Onda Cero.
Vivas ha reconocido que Miguel Ángel Pérez Triano trasladó la información que iba recibiendo y que no es responsable de lo ocurrido. Es decir, la otra gran figura clave en la ciudad, que sobra decir, no pertenece al PSOE, y por lo tanto no tiene ninguna obligación de defenderle, acaba de exculpar expresamente al delegado de una responsabilidad que Melchor lleva semanas atribuyéndole.
Esto debería hacer reflexionar a cualquiera, especialmente a quienes, quizás de buena fe o movidos por el miedo y el hartazgo, le compraron el discurso a este diputado, para mi perplejidad, aún con carné socialista.
Porque una cosa es exigir responsabilidades al Gobierno de España por la gestión de una crisis, cuestionar las decisiones del Ministerio del Interior, reclamar explicaciones y exigir trasparencia. Eso es perfectamente legítimo. Y otra muy diferente es escoger a Miguel Ángel Pérez Triano como objetivo personal, insultarlo, desacreditarlo públicamente y movilizar a la ciudadanía contra él, atribuyéndole responsabilidades que incluso el presidente Vivas niega que tenga.
Y porque una cosa es defender a tu pueblo, y otra muy distinta es utilizar su miedo, hacer tuyo el discurso de la ultraderecha para crearte espacios televisivos y generarte una campaña de autobombo, por motivaciones espurias disfrazadas de ceutísmo.
Es mentira que Melchor sea antes ceutí que socialista, la única verdad es que es simplemente un oportunista. Por eso es el único que se encuentra compartiendo únicamente con VOX el mismo objetivo político: convertir al delegado del Gobierno en el responsable de lo sucedido.
Contemplo, desde la perplejidad más absoluta, la pasividad de mi partido ante la campaña tan devastadora, a todas luces, apoyada por terceros para que alcance una dimensión nacional, que este diputado socialista está llevando a cabo. Y mi indignación es aún mayor, cuando recuerdo y lo comparo, por ejemplo, con lo sucedido con Navil Rahal. A quien, a propuesta del propio Melchor como presidente de la Gestora, se le abrió expediente disciplinario y propuesta de expulsión, por romper la disciplina en una votación. Melchor justificó su postura de forma pública, acusándole de tener “el mismo discurso que el PP y ser más de derechas que la propia derecha”. Ahí están las hemerotecas. También decía por aquel entonces, que el acta de Rahal como diputado le correspondía al partido y no a él. Mientras, ahora, para sí mismo, defiende en los plató que él es vicepresidente de la Asamblea, con sus ventajas y emolumentos, gracias a los ceutíes y no al PSOE. Cosas tenedes, el Cid, que farán fablar las piedras.
Navil también utilizó el mismo argumento de que con su voto particular estaba actuando en defensa de Ceuta al votar una modificación presupuestaria pero fue expulsado ipso facto. Por lo que mi pregunta es sencilla: ¿El criterio para expulsar a alguien del partido depende de los focos mediáticos que tenga encima o del daño que cause?
Quizá en Ferraz deberían explicar esa contradicción. Y quizá también la lentitud que hoy muestran con él.
¿Hasta dónde está dispuesto el PSOE a permitir que uno de sus diputados utilice sus propias siglas para destruir personalmente a otro socialista?
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