Cuando la semana pasada informábamos del anuncio de baja hecho por Musa Rahal a su jefazo y compañero, Mohamed Alí, estábamos escribiendo la crónica de un nuevo esperpento político que no ha hecho sino comenzar. La alianza hecha entre UDCE y PSPC tuvo sus enemigos desde el inicio. Hay gente en ambos partidos que no pueden ni verse y los hay que no han visto con buenos ojos ese acercamiento. Lo mismo ocurrió cuando la UDCE se acercaba a otras formaciones: el PP, el PSOE y ¿qué me dicen del pacto con IU? Ahora sale Rahal y vendrán más, no se preocupen, a pesar de que quien fuera secretario de grupo fue uno de los precursores del acercamiento a Aróstegui y a pesar de que su baja tenía como excusa eso que llaman ‘asuntos personales’.
Ya hubo un inicial acercamiento entre UDCE y PSPC hace años. Lo que pasa es que este tipo de hemerotecas no gusta recordar a quienes se dedican a hacer artículos buceando en tiempos pasados. Aquello se fue a pique porque ni los unos se fiaban de los otros, ni los otros de los unos. Ahora el sello se ha logrado, pero ha pecado de demasiados mensajes que ni ellos mismos se creen. Han querido presentar a Juan Luis como el Che Guevara de la morería, como el que va a salvar a los musulmanes, cayendo en una diferenciación que se les vuelve en contra porque nadie se la cree. Esta imagen, esa bandera del salvador es la que no pega con un proyecto que no puede vender como marca de la casa la convivencia. Y es, en este punto, en donde Caballas mete la pata. Cuando dejen de atender esa ristra de prejuicios y obvien una puesta en escena que se les puede volver en contra, conseguirán avanzar en el terreno político que se han encargado de abrir.
Otro debate distinto es la ristra de personas que vamos a ver bailando de partido en partido. Desconozco el futuro inmediato de Rahal. No sé si ya le habrá llamado Carracao para fichar por el PSOE a sabiendas de que el ex de UDCE fue quien llevó el peso de las reuniones para el frustrado acuerdo del pasado diciembre, ni sé si lo habrá hecho el PP, demasiado interesado en hablar, ahora, de rupturas, de abandonos y de caídas, demostrando que su memoria histórica es bastante floja.
De todo lo que está pasando y pasará podemos quedarnos con dos lecturas: la del esperpento puro y duro que no da más que para un folletín de la España cañí o la del fondo de este meollo político marcado por intereses, estómagos agradecidos y entregas de puestos de trabajo a cambio de voluntades y titulares comprados.
Si yo fuera Mohamed o me llamara Juan Luis me preocuparía más por la segunda lectura que por la primera. Para espectáculos siempre hay tiempo. Hasta el 22-M.
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