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Barracones sin solución

Los barracones del Sardinero se han convertido en un quiste para la Ciudad cuya raíz no termina de ser eliminada. Las últimas entradas de inmigrantes, de nuevo, en las naves privadas han incrementado el riesgo. Lo denuncian los bomberos que suman ya más de una docena de salidas para sofocar los incendios que provocan los clandestinos que siguen haciendo uso de los barracones como cobijo. Lo denuncian los vecinos, que son fieles testigos del ir y venir de sin papeles hacia las naves. Y lo padece la Ciudad, encargada, a través de Obimace, de tapar cada uno de los agujeros que los inmigrantes van abriendo. ‘El Faro’ recorrió ayer las naves con personal del área de Equipamientos Urbanos y Barriadas. Su misión: la de detectar los nuevos agujeros que se han ido haciendo y que sirven para facilitar las naves en los barracones. “No podemos hacer nada más. Venimos, señalamos las zonas en donde hay que limpiar y vemos los nuevos agujeros que hay”, indica, in situ, el viceconsejero Gregorio García Castañeda.
Fomento aclara que se sigue el procedimiento normal, el que permite la ley. Es decir, cada vez que se detecta un butrón se da aviso a la propiedad privada, se le advierte del riesgo que ésto supone y se actúa de manera subsidiaria, tapando los boquetes pero pasando luego la factura a los dueños de los barracones. Así una y otra vez. Lo que tiene claro Fomento es que dichos butrones no pueden quedar abiertos. Primero porque posibilita al acceso de los inmigrantes y, segundo, porque permiten, con esa entrada, que se generen focos de riesgo. El último, el ocurrido hace un par de semanas, cuando los bomberos tuvieron que sacar a un inmigrante del interior de las naves desvanecido. Sobre el terreno se le tuvo que reanimar y los propios integrantes del servicio de Extinción advertían que si no llega a ser por su rápida intervención el sin papeles habría fallecido.
Otro de los factores que obliga a la Ciudad a actuar de oficio es la necesidad de acallar las voces críticas de los vecinos, que piden una intervención en la zona para evitar que se repitan episodios de años atrás. Épocas en las que la Ciudad tuvo que sacar kilos y kilos de basura del interior de las naves y la Policía tuvo que llevar a cabo redadas constantes para evitar la generación de nuevos asentamientos.
¿Derribar los barracones? Se le ha pasado por la cabeza a más de un responsable, pero hacerlo resulta complicado. “Los barracones no pueden derribarse si no lo decide directamente la propiedad y la Ciudad no puede actuar porque el estado de los mismos es bueno y no puede declararse el estado de ruina”, advierte Fomento.
Sin solución alguna, más allá de la práctica basada en parcheos, las naves del Sardinero vuelven a dar cobijo a los inmigrantes. No se llegan, de momento, a las cifras de antaño. Los vecinos estiman en una veintena los sin papeles que entran y salen de los barracones. La Policía confirma esta cifra, calificando las naves de un asentamiento más de los que hay desperdigados por la ciudad.
En su interior, varios colchones indican los lugares elegidos para dormir. Varios lo hacen pasadas las doce y media de la mañana cuando este medio los recorre por su interior. “Por la noche es cuando salen, siempre con alguna bolsa de plástico en la mano”, apunta un vecino del complejo residencial cercano. Otra de las naves es utilizada para almacenar botellas vacías, residuos, restos de basura... mientras que en otra de las zonas se deja la ropa. Afuera, en el patio, un improvisado tendedero sirve para colocar la ropa y varias pintadas muestran la portería que sirve para jugar al fútbol, las leyendas en árabe, los nombres de quienes han ocupado las naves y mensajes de Ceuta no es España o varias alusiones a ETA, que no son precisamente hechas por los sin papeles.
Los obreros encargados de la reforma de las instalaciones de Cruz Blanca conviven con esta visión a diario. Son otros testigos paralelos del ir y venir de indocumentados a una zona que la propiedad privada había dado por blindada pero que, en la práctica no es así. Los perros sueltos por la propiedad o las paredes levantadas con concertinas no son impedimento alguno para que las naves privadas puedan ser de nuevo cobijo alternativo.
Varios incendios marcan este territorio, también lo hace algún que otro plan urbanístico frustrado y un interés por construir viviendas que ha sido anulado por el uso exclusivo dotacional que tiene el terreno.

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