EFE/ A. Carrasco Ragel
Juan Franco, alcalde de La Línea, se situó en el foco de la atención mediática nacional con una polémica propuesta. El máximo representante del consistorio linense planteó realizar una consulta popular para decidir si, como ya ocurre en Ceuta y Melilla, La Línea de la Concepción podría llegar a tener un Estatuto propio. En otras palabras: que se convierta en una ciudad autónoma. El pleno municipal del Ayuntamiento aprobó iniciar el proceso para convocar un plebiscito y, en función del resultado, reclamar al Gobierno de España más autonomía para La Línea. Si desde Moncloa dan luz verde a la iniciativa, el proceso se extendería entre seis y ocho meses antes de poder celebrar la consulta, según expone la propuesta.
El precedente de las dos localidades del norte de África ya sentó las bases de estas posibilidad, y ciertamente el municipio gaditano también cuenta con una situación muy particular que podría asemejarse a la de ceutíes y melillenses. Mientras que en estos últimos dos casos se hace frontera con otro país, con Marruecos, miles de lineses cruzan diariamente a Gibraltar, peñón anexionado al Reino Unido, para trabajar allí.
Para que la propuesta de Juan Franco saliese adelante —el pleno aprobó la consulta con los votos de los 21 ediles de su partido pese a la abstención de tres concejales del PSOE y el rechazo del único representante del PP— el 'referéndum' tendría que obtener previamente el beneplácito del Gobierno central; además, este habría se superar antes el filtro del Congreso de los Diputados y del Senado. Lograr un consenso entre formaciones de todos los colores del espectro político para un tema, cuanto menos, controvertido no sería sencillo, al menos en principio.
El contexto del que brota esta iniciativa también es complejo. La alta tasa de paro estructural en La Línea o los constantes problemas con el narcotráfico de suman a los desequilibrios que la salida del Reino Unido de la Unión Europea provocó en su tejido económico y laboral. Y a pocos pasos de un panorama cuanto menos desolador está Gibraltar, donde el trabajo es más accesible y el régimen fiscal, más ventajoso. La posibilidad de alcanzar la condición de ciudad autónoma ampliaría el margen de maniobra para las autoridades municipales, aunque nada aseguraría que la localidad gaditana pudiese sobreponerse a la precaria situación en la viven muchos de sus ciudadanos.
El texto íntegro de la pregunta sería: “¿Cree usted conveniente que el Ayuntamiento de La Línea de la Concepción eleve al Gobierno de la Nación y a las Cortes Generales una petición para instar la conversión del municipio en comunidad autónoma, de acuerdo con el art. 144 a) de la Constitución Española?”.
Salga o no adelante la propuesta de su alcalde —funcionario municipal de carrera en el área de tributos, que ocupaba antes de iniciar su carrera política— Juan Franco habrá al menos planteado uno de los propósitos más sonados de su programa electoral. Triunfe o no su plan de más autonomía para La Línea, el debate ya está servido.
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