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Arbitraje, la última añagaza

Del mismo modo que asombran los inmensos esfuerzos y trabajos que hacen algunos, en la legalidad y fuera de ella, para evitarse el esfuerzo menor de trabajar, pasman la energía y los riesgos que corren Bankia y el Gobierno para no devolver el dinero a los clientes que, imbuidos de la creencia de que Bankia era un banco, le entregaron los ahorros para su custodia y para lo otro que se suele meter el dinero en los bancos, para que no se lo coma la inflación. O dicho de otro modo: con lo relativamente sencillo que sería devolver a la gente su dinero, del que se le despojó a través de una estafa minuciosamente urdida y hábilmente ejecutada por las Cajas de Bankia, todavía andan ideando combinaciones para apalancarse para siempre el dinero de los jubilados, de los pequeños ahorradores, de las víctimas del 11-M, de los pensionistas, de los trabajadores y, en fin, de esa frágil y previsora clase media que ahora algunos gobiernos pretenden, al dictado de sus prestamistas, destruir. La última combinación: El arbitraje de Bankia.
Ante la avalancha de demandas judiciales por la estafa de las Participaciones Preferentes, ese imán del dinero ajeno que las Cajas hoy nacionalizadas usaron para convertirlo en propio, el señor De Guindos, que no debe confiar enteramente en la eficacia disuasoria de las tasas judiciales prohibitivas de su colega Gallardón, pretende desviar la determinación de las víctimas hacia un terreno favorable para sus designios de devolver lo menos posible de lo que se mantiene incautado: El arbitraje. De entrada, el que se someta a su laudo debe renunciar a la reclamación judicial, y seguidamente debe demostrar lo que, ante un juez de verdad, debería demostrar en contrario Bankia, que fue engañado. Pero la añagaza no acaba ahí, sino que empieza: el "árbitro" no es un juez, sino un señor, un señor "privado", y es él, a impulso de la propia entidad, el que selecciona y filtra "los casos más flagrantes", es decir, los que perdería Bankia, con absoluta seguridad, en los Tribunales. ¿Qué ganaría, entonces, con ello? Muy sencillo: establecer una línea de exclusión entre los casos más flagrantes y los no tan flagrantes, a fin de dar visos de legalidad al despojo de los bienes de éstos mediante el fallo arbitral. Para más información sobre el asunto, pregúntese por los arbitrajes a los estafados de Galicia.
Arbitraje, la última añagaza. Aunque puede que se les ocurra alguna más hasta la inexorable, porque es de Justicia, devolución de lo requisado con tan malas artes. Vayan Bankia y el Gobierno pensando en otra cosa, preferiblemente en la única aceptable para las innumerables víctimas de ésta macro-estafa institucional.

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