Esta noche sonará entre los muros de la sinagoga el tono grave de un cuerno de carnero, el sonido que en la antigüedad servía para festejar la coronación de un rey.
Para la mayor parte de de las personas del hemisferio norte, septiembre es el mes de la vuelta a los quehaceres cotidianos, como colegio o trabajo. Para los judíos significa, además, el comienzo del año nuevo; el 5771 desde la creación del Universo, según su tradición. Esta fiesta se celebra en el llamado mes de tisri porque, según explica el rabino de la comunidad judía de Ceuta, Yosef Benzaken, “en este mes Dios creó el mundo”. El sentido de ese cuerno de cabra es, precisamente, reconocer que, en el judaísmo, Dios es considerado el rey del Mundo, por lo que, de algún modo, ‘se le corona’.
La fiesta del Rosh Hashana marca el comienzo del año judío y dura dos días: desde hoy al caer el sol hasta el atardecer del viernes; según mide el tiempo el calendario judío, el día comienza con el anochecer. Se trata de una celebración en comunidad y en familia, como puede ser el año nuevo de la tradición cristiana, salvo que no hay grandes celebraciones de carácter social. “Son unos días en los que se hace palpable un sentimiento de fraternidad especial, pero no tienen lugar fiestas en el sentido de grandes eventos en la calle”, aclara Benzaken. Lo más parecido a esto es la celebración que tendrá lugar mañana al ocaso, justo antes de que termine el primer día de Rosh Hashana. “Hay que andar hasta un lugar en el que se vea el mar o al menos el agua, y allí se leen unas oraciones con las que uno se despoja de todo lo malo que ha hecho, y quedar limpio”, cuenta el rabino.
En Ceuta, el lugar escogido es la cuesta del Recinto, cerca del centro de salud; no es necesario bañarse, simplemente ver el mar, y unos acantilados son tan buenos como una playa. Además, según explica Yosef Benzaken, se trata del lugar más cercano a la sinagoga; este acto junto al agua se efectúa tras el rezo entre los muros del templo judío.
La justicia
Según la religión judía, el Rosh Hashaná se fundamenta en la creencia de que la justicia existe. “Lo que uno haga en el año anterior tiene influencia en lo que sucederá el siguiente. Es muy importante prepararse para empezar bien el siguiente año”, comenta. Se trata de que, de algún modo, lo bueno que uno haga repercutirá de manera positiva, mientras que lo malo tendrá su castigo, ya sea en esta vida o después.
Puesto que la intención es comenzar bien el año, las comidas que preparan las familias para reunirse en torno a la mesa son dulces y tienen significados simbólicos. “Se come manzana con miel, que es agradable; se espera que el próximo año resulte bueno”, explica Benzaken. Otra comida muy concurrida es la granada. “Tiene muchos frutos pequeños. Quiere decir que, poco a poco, uno es capaz de hacer muchas cosas”, añade. Esto sucede en contraposición con otras festividades hebreas que recuerdan hechos más duros. Por ejemplo, en la Pascua o Pesaj, en la que se recuerda la salida de Egipto, se come una lechuga untada en una salsa amarga para recordar que una vez el pueblo judío fue esclavo y trabajaba el barro. A diferencia de ello, estos días es ocasión de empezar el año con buen pie.
El comienzo del año termina con el Yom Kippur, o Día del Perdón, diez días después del Rosh Hashana y una festividad en la que se prohíbe trabajar. Se trata de una jornada de ayuno y de reflexión interior, para expiar “lo que vulgarmente se llama pecado, las malas conductas que se han hecho”, según el rabino Benzaken. “Aunque, para ello, lo primero es saber qué se ha hecho mal”.
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