La muerte nos sorprende a cada instante, en cada momento, en cada esquina, en un avión, en el coche o mientras sueñas que te estás muriendo.
No creo en el destino ni en las casualidades, no entiendo por qué tienen que suceder las cosas que suceden o por qué sucede que nunca debería haber sucedido.
En la mitología griega las Moiras son tres hermanas que determinan el destino, incluso de los dioses.
Cloto hila el hilo de la vida, Láquesis mide la longitud del hilo. Átropos, corta el hilo, decidiendo la muerte. Nadie escapa de su sino.
Lo cierto es que intentamos explicar lo inexplicable e inventamos mitos, dioses, sagradas escrituras, profecías, echadores de cartas o bolas de cristal para ver qué nos pasará.
Adamuz, dos trenes, linea recta, conducción automática, velocidad adecuada, revisiones correctas. ¿Qué pudo pasar? ¿Qué falló?
Bomberos, ambulancias. Hospitales, policía, políticos... cada uno en el sitio que le corresponde mientras un periodista le pregunta al ministro si va a dimitir. La crueldad no conoce límites.
Mañana se encontrarán más cadáveres, se contarán los desaparecidos, las familias y los amigos llamarán a un teléfono que no responde, una voz ausente, el grito de un silencio insoportable.
Lloverán los pésames, las condolencias, las lágrimas, el funeral de Estado.
Una persona herida preguntaba por su perro, lo describía, era su otro familiar desaparecido.
Conoceremos las causas, tal vez dentro de mucho tiempo, de años y, aún así, los técnicos no se pondrán de acuerdo porque asumir responsabilidades no es común en nuestro país.
Mañana iré a Murcia y tendré que coger un tren de cercanías.






