Hace ya más de un año los padres de Adam pedían ayuda desesperados tras llegar al Hospital Universitario ceutí con su hijo de apenas dos años. Un tumor estaba engullendo sus ojos y ellos habían hecho todo lo posible en su país para salvarle pero la falta de recursos económicos lo estaba condenando ya no a quedarse ciego, sino a morir. Entonces suplicaron ayuda. Era el menor de sus siete hijos y el tumor crecía sin tregua asfixiando la mirada de Adam y la esperanza de una familia modesta que tras pensarlo, decidieron cruzar la frontera con su hijo cuando una infección ya le impedía abrir los ojos y él no dejaba de llorar.
En el Universitario comprobaron el estado del pequeño. Ciertamente delicado. Entonces pidieron ayuda. El padre, que trabajaba en unas obras en Poblado de Regulares, contactó con la Asociación Vecinal, el caso llegó a oídos de la Unión de Comunidades Islámicas de Ceuta, saltó a las páginas de ‘El Faro’ y se consiguió trasladar al pequeño, gracias a la intervención de la Delegación del Gobierno, hasta la península donde extirparon el tumor, también sus ojos por los que ya no se pudo hacer nada, y consiguieron así salvar la vida del pequeño.
La Asociación Española Contra el Cáncer ha estado pendiente constantemente del pequeño, gracias a una voluntaria que hacía las veces de traductora y no dejaba de animar a sus padres en la lucha. Aún continúan, están intentando ganar la batalla al cáncer. Ahora, dos prótesis de cristal sustituyen a los ojos del pequeño que ha pasado más tiempo en la cama de un hospital que en su cuna. Hace ya un año que se marchó al Hospital Virgen de la Macarena de Sevilla para que trataran su enfermedad. Hace unos días volvió a Ceuta junto a sus padres para visitar a sus hermanos y al resto de la familia. “Sus progenitores están muy contentos, ni siquiera se lo creen y lo único que hacen constantemente es agradecer a todas las personas la ayuda que les brindaron para que su hijo pudiera salvar su vida”, explican algunas de las personas que han estado siempre a su lado brindándoles su apoyo.
El padre ha conseguido la residencia por un año para poder quedarse al lado de su hijo mientras su madre va y viene para poder atender al resto de sus pequeños, que dejó al cuidado de una de sus hermanas cuando marido y mujer se trasladaron a Sevilla para permanecer constantemente al lado de Adam. Ahora, pendientes de una resonancia que les indicará si el tumor ha desaparecido o no, esperan que las noticias sean buenas. Desde que en la primera Hachura del niño Adam recogió su juguete feliz y cuando comenzó a sonar música la buscaba con el oído y sus padres sospecharon que algo no iba bien hasta hoy, nunca han tirado la toalla.
Tampoco lo han hecho desde que reunieron dinero para acudir a la consulta de un especialista en Rabat que les dijo que necesitaban 8 millones de dirhams para operarlo o moriría, o hasta que le extirparon sus ojos para poder salvarle la vida gracias a la ayuda que encontraron al otro lado de la frontera, en Ceuta. Saben que si se hubiesen quedado en Marruecos Adam habría fallecido porque ellos no tenían dinero y les hubiera llevado mucho tiempo reunirlo, quizá demasiado. quizá demasiado tiempo reunirlo. Ahora ya respiran más tranquilos, aunque saben que deben seguir adelante. Hay que ganar la batalla ‘al bicho’. Adam tiene mucha suerte, ha vuelto a sonreír.
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