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El miedo a expresar ‘soy positivo’

Persiste el estigma en torno al VIH l Un vecino presta su testimonio

Por María Valverde
01/12/2024 - 07:00
Imagen: El Faro
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Ese día se encontraba en su trabajo como de costumbre y, en las idas y venidas de la rutina, sufrió un leve accidente. No le dio importancia en ese momento hasta que, cinco años después, supo que esa había sido la vía de entrada del VIH. Lo que comenzó como un malestar y como el diagnóstico de un parásito en su cerebro, desembocó en un seropositivo. Tiempo después desembarcó en Ceuta, donde continuó con su tratamiento.
El silencio y la confidencialidad no forman parte de la sintomatología de la enfermedad, pero sí son dos realidades que se instalan en la cotidianidad de quien la padece. Él no esconde el miedo que siente ante la posibilidad de que esa verdad sea destapada ante los demás. No quiere miradas llenas de prejuicio ni trabas en otros planos.
Su día a día transcurre con normalidad y nada en su físico refleja que el virus va consigo gracias al tratamiento, el cual sigue al pie de la letra. A pesar de que las terapias han progresado en los últimos años hasta lograr que los pacientes incluso alcancen el 0% de posibilidad de contagio, hay una cuestión que se ha quedado paralizada en el tiempo: el estigma que la rodea.
Pablo sabe de primera mano que abrirse y comentarlo es una opción que está estancada a día de hoy. “Está muy bien todo lo conseguido porque da calidad de vida al que lo tiene, pero decir ‘soy positivo’ de forma pública no me gustaría y pienso que a quienes lo padecen, tampoco”, expresa.

La mejor baza

Aunque recibió la mala noticia con tristeza, no faltaron en su semblante la entereza y el optimismo. Es una de esas personas que, de algún modo, se convierte en el ejemplo idóneo de cómo afrontar una adversidad de esta clase. Achaca su reacción a sus raíces ya que, esta actitud, es uno de los componentes de la idiosincrasia de sus paisanos.
La mejor baza, a su juicio, es precisamente armarse de este talante. “Es lo más importante. Si se deprime o algo por el estilo, no tiene personas que lo apoyen y le viene esta enfermedad que hace que caiga malo en la cama... Va a más. Es fundamental y también lo es saber que hay adelantos”, cuenta.
Él fue afortunado en este sentido. Sus familiares estuvieron pendientes en todo momento. “Tenía a mis padres y a mi hermana, que estaba conmigo como un general y me acompañaba de un lado y a otro para las citas y demás”, recuerda. Consiste en tomarlo como una afección que puede paliarse. “Se trata como una diabetes, aunque, en ese caso, a la persona le pueden cortar el dedo”, relata. No es el único consejo que da. “Hay que exigirles también a los allegados más cercanos discreción y expresarles lo que ocurre para sentirse arropado”, menciona.
El VIH fue diagnosticado en su país de origen, pero, al llegar a Ceuta, no tuvo ningún problema a la hora de seguir con el tratamiento. Recurrió a la Unidad Afectivo Sexual de la ciudad. “Aquí no me daba tanta vergüenza. Se hace de forma confidencial, te revisan, te hacen analíticas, fijan la cita y todo perfecto”, comenta.
Se sintió amparado por el equipo de esta área desde que cruzó las puertas de su sede. “Uno tiene miedo a que los demás lo sepan y a que te vean como a alguien raro, pero la prestación es muy buena. No te hacen ningún tipo de pregunta ni te discriminan”, expone.
Existe un aspecto que es primordial desde el minuto uno. “Lo primero es aceptarlo y, si es preciso, solicitar ayuda psicológica, que aquí se brinda. Explican cómo tomar los antiretrovirales y todo lo demás. Nada más saberlo, hay que buscar ayuda adecuada y empezar el tratamiento”, manifiesta.
Las relaciones están íntimamente conectadas con la enfermedad. Pablo habla sobre ello y considera que es necesario tomarlo con naturalidad y entender a quien está al otro lado de la balanza. “Si sabes lo que tienes, hay que comunicarlo y contar cómo es tu vida y qué tomas para que la otra persona decida si sigue o no. Nadie está atado a estar contigo”, señala. “Actualmente estoy conociendo a alguien. No ha llegado el momento aún, pero cuando se lo diga, si no quiere continuar, no hay problema. Seremos buenos amigos, ¿qué le vamos a hacer?”, reflexiona.

La trayectoria hasta llegar a identificar a la enfermedad

La enfermedad comenzó a dar señales cinco años después tras el incidente. Pablo comenzó a tener episodios de cefaleas, de diarrea y a perder peso. Durante el proceso solicitó una baja para tratar de averiguar qué le ocurría. Todo cambió cuando empezó a experimentar desmayos. “Me levanté y me fui a un lado. Todo lo empecé a ver negro y a tener mareos. Mis padres me llevaron al hospital a hacerme pruebas y, al analizarme el cráneo, encontraron un parásito”.

Después de ese estudio, llegó el test de VIH que despejó todas las incógnitas. Afortunadamente se detectó a tiempo la primera afección ya que esta puede derivar en la pérdida de la visión u ocasionar tumores entre otras dificultades. Ha pasado tiempo desde entonces y considera que uno de sus salvavidas fue la ONG que le atendió en su tierra natal y el área de Ceuta.

“Son de vital importancia para la mayoría de personas con positivo. Hay quien no tiene la misma mentalidad y se deja derrotar o se cree cualquier disparate, por lo que no piden la ayuda necesaria”, narra.

“Estas organizaciones dan la facilidad de abrirse y decir lo que está sucediendo”, indica. A su vez, entiende que no existan muchos carteles de concienciación por lugares públicos, ya que considera que hay pocos casos en la ciudad, pero sí estima oportuno potenciar estas campañas a nivel local.

 

Etiquetas: AsociacionesPsicologíaSaludSanidad

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