Son demasiadas las historias para no dormir que se están contando desde hace meses con una única protagonista: la sanidad ceutí. Ahora el Ministerio anuncia que buscarán soluciones tanto en la mejora de las retribuciones como en la de los medios. Se abre el camino a una posible solución que evite casos tan sangrantes como suspensiones de intervenciones estando incluso ya el paciente preparado para pasar a quirófano.
Lo realmente grave es que no han sido casos aislados, se ha convertido en una tónica aceptada sin rechistar por una ciudadanía cansada de protestar.
La sanidad pública es un derecho y su fortaleza es lo que debe proteger el Gobierno de la Nación como un tesoro que no puede perderse a costa de ir forzando una fuga hacia la privada.
Es lo que está pasando. Los ciudadanos, desesperados, se ven forzados a acudir a otros servicios previo pago. Los profesionales se marchan, las consultas tardan, las pruebas vienen marcadas por la lentitud… gota a gota se está dirigiendo el camino a tener que recurrir a una sanidad privada porque no queda margen a otra alternativa.
Las treguas sirven precisamente para encontrar un periodo de reflexión, para definir el camino ante un problema de tanta envergadura como este.
Ni los usuarios nos merecemos lo que está pasando ni tampoco los profesionales que, estoy segura, sufren por no poder atender como se debe al personal.
Las oportunidades deben servir para ser aprovechadas. Al Ministerio se le ha ofrecido en bandeja la oportunidad de no repetir los errores de bulto que existen en áreas gestionadas por el Estado como la Educación, símbolo del gran fracaso que nadie es capaz ya de negar en la ciudad.
Que haya luz en el camino depende de las partes.






