Mira que nos lo dicen, mira que insisten, mira que llenan las redes sociales de mensajes y vídeos que terminan haciéndose virales pero siempre al término de cada Navidad se repite la misma historia: abandono tras abandono.
La falta de medidas contundentes para frenarlos por mucha ley de bienestar animal que se idee tiene estas consecuencias. Tras el abandono llegan las enfermedades y las muertes. No hay responsabilidad. No importa.
Ni las advertencias públicas van a conseguir que poco después de los Reyes empiecen los problemas porque el perrito tiene que ser educado, porque muerde los muebles, porque hay que sacarlo, porque mantenerlo cuesta dinero…
Empezarán los problemas porque la linda gatita araña el sofá y puede quedarse preñada si no se actúa como se debe. Lo fácil pasa por deshacerse del juguetito que nunca lo fue.
Llenar las redes de campañas contra el abandono animal no tiene validez si no se fuerza a la administración a perseguir este tipo de delitos, a poner recursos, a disponer de controles…
Pero se pasa por alto, los esfuerzos se desvían y aquí solo saltan las alarmas cuando se generan problemas de salud pública de los que obviamos el origen.
Esa gatita, ese perrito tiene que formar parte de la familia. Solo si se entiende esto convendrá convertirlos en un regalo de estas fechas, sin caprichos para que luego no asomen en escena los lamentos.






